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Política

Cumbre del G-20 en Londres: asegurar que la crisis no se repita

Cuatro meses y medio después de la cumbre de Washington, los jefes de Estado y de Gobierno llegan a Londres para concretar lo acordado. El objetivo: controlar el sistema financiero para que no haya más crisis como ésta.

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La canciller germana, Angela Merkel, y la reina de Inglaterra, Isabel II

La mayor parte del tiempo transcurrido desde noviembre de 2008, los representantes del G-20 -los países pertenecientes al grupo de las veinte economías más fuertes del mundo- la han pasado en el avión. Una larga lista de puntos tenían que negociar. El plan de acción que fue acordado el 15 de noviembre en la cumbre financiera mundial de Washington incluía 47 medidas concretas. Éstas van desde una instancia global para el control financiero hasta nuevas reglas internacionales para remunerar a altos directivos de empresas; la mayor parte de estas medidas -así se previó en ese histórico encuentro en la capital de Estados Unidos- tenían que ser puestas en marcha hasta finales de marzo de 2009.

Por eso, desde noviembre los representantes de esos países han saltado de una cumbre a la siguiente. De la de la Unión Europea a la de Naciones Unidas, a la de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN). En todas ellas se trataba de encontrar el camino hacia una futura arquitectura financiera internacional.

Visiones claras

El cómo debe verse esta nueva construcción está claro. Según la canciller alemana, Angela Merkel, todos los actores de los mercados financieros y todos sus productos deben someterse al control y la regulación. “Los detalles tienen que ser definidos y tienen que formar parte del plan de acción”, aseveró Merkel después de un encuentro entre colegas europeos a finales de febrero en Berlín. Jean-Claude Trichet , presidente del Banco Central Europeo, fue más claro aún: “Todo tiene que cambiar”, declaró aduciendo que la actual crisis ha demostrado que el sistema en su totalidad es frágil.

En esa medida han sido definidos los puntos principales del plan de acción: incrementar la transparencia y obligar a los mercados financieros a rendir cuentas; exigir un mayor control y regulación de estos mercados. Por ejemplo, las instituciones deberían estar en capacidad de establecer mínimos de capital y liquidez para los fondos de inversión allí en donde se mueven esos fondos y no en el país en donde está emplazada la empresa. Con ello se pondría un punto final a la fuga de esos fondos hacia paraísos fiscales como las islas Caimán.

Tragos amargos

Lo anterior representa un trago amargo para ingleses y estadounidenses, quienes en el pasado sólo sonreían cuando se advertía de los peligros de un capitalismo desenfrenado. Hoy, el ministro estadounidense de Finanzas, Timothy Geithner, utiliza otro tono al hablar de la crisis: “Estos riesgos no conocen fronteras. Tenemos que tener un mayor control e imponer reglas más claras al sistema financiero internacional. Esto implicará amplios cambios a nivel nacional e internacional”.

Un mapa internacional de riesgos es algo que Alemania pone a discusión una y otra vez. En él se podría visualizar la situación de los actores financieros y sus productos; en caso de peligro, podrían encenderse las alarmas. Esto podría ser complementado con una lista internacional donde fuesen registrados -a partir de cierto monto.- todos los créditos que han sido concedidos. La recopilación de todos esos datos podría resultar un desafío; sin embargo, el final del camino debe estar en el nuevo orden financiero mundial.

G20 Bundeskanzlerin Angela Merkel bei der Ankunft im Buckingham Palace

La canciller alemana, Angela Merkel, entrando al Palacio de Buckimham

Un paso importante en esa dirección tiene que ser dado en Londres, así por lo menos se lo imagina la canciller Merkel. A mediados de marzo, después de un encuentro con el primer ministro británico, Gordon Brown, la canciller germana veía con optimismo esta cumbre de Londres y expresó su esperanza de “lograr junto con Estados Unidos, con economías emergentes como la de China e India unos resultados que, mediante el control y la regulación, aseguren que una crisis de estas dimensiones no se repetirá”.

Grandes discursos, arduo trabajo

Con seguridad, los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la London Summit -como se llama oficialmente esta cumbre- no escatimarán en discursos. Después de la cumbre de Washington no fue de otra manera. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, declaró en ese momento: “Hemos empezado hoy a poner la base de un nuevo acuerdo global para un nuevo orden que se rija por la economía social de mercado. Y la Unión Europea fue precursora de esta nueva corriente”.

La prueba de fuego de todos estos discursos está aún por venir: rendimiento de cuentas, control de capitales propios, cooperación internacional de las instituciones reguladoras. Cabe resaltar que, en comparación, el nuevo papel de las instituciones internacionales se ve más bien sencillo: el Fondo Monetario Internacional deberá detectar tempranamente las crisis y emplear en créditos de emergencia los 500 mil millones de dólares que se pondrán adicionalmente a su disposición. El trabajo de los expertos, por el contrario, se anuncia complejísimo y minucioso, su obra tiene que ser coordinada internacionalmente y puesta en práctica a nivel nacional. Todo con el fin de que la crisis que aqueja a las economías del mundo no se repita.

Autor: Henrik Böhme/Mirra Banchón
Editor: Pablo Kummetz

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