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Deportes

Crisis financiera y fútbol: auge y caída de los grandes magnates

En tiempos de recesión, se apaga la estrella de los millonarios que apostaron por el deporte rey en época de vacas gordas. Los clubes que dependan en demasía de la figura del mecenas vivirán días difíciles.

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Roman Abramovich: el Chelsea, en apuros económicos.

El fútbol tiene mucho que ver con el dinero. Si se quiere disponer de jugadores de clase mundial hay que poner mucho dinero sobre la mesa. Y para ello es necesario contar con patrocinadores acaudalados. Sin embargo, en tiempos de crisis financieras tampoco ellos están dispuestos a gastar alegremente. También el propietario del FC Chelsea inglés, el magnate ruso Roman Abramovich, ha perdido gran parte de su fortuna. Es incluso dudoso que siga metiendo millones en el fútbol. Sin embargo, el rublo seguirá teniendo su protagonismo, porque sin patrocinadores los clubes de fútbol mundiales se verían atrapados por las deudas.

El auge de los patrocinadores

Deutschland Russland Gazprom Schalke 04 Wladimir Putin

La compañía rusa Gazprom aportará 125 millones de euros en cinco años al Schalke 04.

Un club profesional moderno es una mediana empresa. Lo único que no funciona es la transparencia. Cifras anuales, ingresos y gastos son, por regla general, solamente estimables. Es el caso del FC Schalke 04. Del histórico club alemán se dice que le falta dinero, aunque haya salido bien parado del auge de los patrocinadores de los últimos años. En octubre de 2006, el gerente del Schalke, Peter Peters, anunció -con una razonable dosis de orgullo- que en los siguientes cinco años de iba a leer el nombre de Gazprom en el pecho de los futbolistas.

Gazprom es, en principio, el típico ejemplo de patrocinador que da mucho dinero para ser más conocido con la ayuda del fútbol, crear una imagen positiva de sí mismo y, eventualmente, ganar aún más dinero. Por la publicidad de las camisetas, la compañía de gas rusa abonó una bonita suma de dinero: 125 millones de euros.

En Inglaterra, las sumas más importantes

Donde verdaderamente se generan cifras de negocio de locura es en el fútbol inglés. Al contrario que en la Bundesliga alemana, en Inglaterra casi todos los clubes cotizan en bolsa. La mayoría de las acciones se encuentran, la mayor parte de las veces, en manos de millonarios. La figura más rutilante es el magnate ruso Roman Abramovich, propietario del FC Chelsea. Para él, sin embargo, las motivaciones económicas se encuentran en un segundo plano.

Más bien se debe a una cuestión de vanidad personal el hecho de que haya derrochado más de 1.000 millones de euros en el equipo para poder decir que posee el mejor club del mundo. Pero el trofeo de la Liga de Campeones sigue faltando en la vitrina. Y tras la crisis financiera internacional, los rublos tampoco corren por sus bolsillos tan alegremente. La deuda del Chelsea asciende a alrededor de 500 millones de euros.

¿El "Abramovich alemán"?

Como el "Abramovich alemán" denominan a menudo los envidiosos al fundador de SAP, Dietmar Hopp. Sin embargo, la comparación no se sostiene por ningún lado. Hopp no es ni el propietario de un club ni un patrocinador, sino un auténtico mecenas. Seguramente, el fenomenal ascenso del modesto TSG 1899 Hoffenheim hasta lo más alto de la clasificación en la Bundesliga sería impensable sin sus millones. Sin embargo, sus inversiones se mantienen en un marco concebible. Además, no sólo apoya a los futbolistas profesionales, sino también al trabajo del fútbol de base en su club.

Hay otros ejemplos de cómo la existencia de grandes propietarios, patrocinadores o mecenas provocan sin embargo un problema fundamental: la dependencia de una sola fuente de ingresos. Pese a ello, la "lista de dependencias" sigue creciendo. Porque, ¿qué sería de un VfL Wolfsburg sin Volkswagen o del Bayer Leverkusen sin la potente financiación de la empresa químico-farmacéutica?

No es el caso, por ejemplo, de la fábrica de dinero que es el Bayern Munich, que dispone de numerosas piernas de apoyo. Y es que la caída de una única fuente de financiación sitúa a cualquier club a las puertas de la ruina económica. Es lo que parece vislumbrarse en el caso del Chelsea.