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Economía

Cooperación internacional contra la crisis económica

En tiempos de crisis se hace necesario estrechar la cooperación internacional, y solidarizarse con los más necesitados. Pero esto no es posible sin un saneamiento previo de la economía del Estado, opina Karl Zawadzky.

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Las medidas para paliar la crisis económico-financiera global aún no están surtiendo efecto. En el mejor de los casos, evitan una caída aún mayor de la actividad económica. Ese es el motivo por el cual el banco central estadounidense inunda los mercados con nuevas emisiones de moneda.

También los europeos refuerzan sus medidas conjuntas contra la crisis, en la Unión Europea y en el mundo. Pero antes de poner en marcha otras medidas coyunturales a nivel nacional, quieren esperar y ver el efecto de los programas actuales. Claro está, empero, que la cooperación internacional debe reforzarse. Y que se necesita solidaridad para con los países en desarrollo.

Cada país debe aportar lo suyo para superar la crisis económico-financiera global, pero con jugadas individuales poco se logra. Las medidas nacionales deben encajar en la lucha internacional contra la crisis. Una vuelta al proteccionismo sólo lograría agudizarla: esta debería ser la lección aprendida durante la gran depresión de los años 30.

La canciller alemana, Angela Merkel, puntualizó la necesidad de practicar “la cooperación en lugar del aislamiento”. Dicho así parece fácil, en especial si viene de políticos que se han sometido a múltiples exigencias y obligaciones. Sin embargo, esto no cambia el hecho de que se necesitan esfuerzos conjuntos en forma de medidas nacionales con consenso internacional. Poner en marcha dichos esfuerzos es tarea de la Cumbre Económica Internacional, en la que veinte países industrializados y en vías de desarrollo se reúnen en Londres el 2 de abril.

En principio se trata de detener la debacle económica, y, al mismo tiempo, es aconsejable reforzar los mecanismos de prevención para los tiempos que sucedan a la crisis. Eso significa que toda el área financiera debe someterse a controles y regulaciones más estrictos, a fin de que no se repitan los abusos de la industria financiera ni las omisiones de los consejos reguladores. Cuando la codicia deja fuera de juego a la sensatez, y cuando a esto se le agrega una actitud criminal y un control indulgente, la competencia por una posición en el mundo de las finanzas se convierte en material de combustión. Y entonces hay que cargar con las consecuencias del fracaso del mercado y de las políticas del Estado.

Al actuar a nivel internacional, los miembros de la Unión Europea pueden sentirse orgullosos de sus medidas para el salvataje de bancos y para respaldar la economía. Más de cientos de miles de millones de euros se han movilizado para detener el derrumbe de los bancos. Y esto es sólo la punta del iceberg. A ello se le suman los paquetes económicos, que suman 400 mil millones de euros. Sólo el gobierno alemán pone a disposición, este año y el que viene, 80 mil millones de euros en inversiones en infraestructura y para estimular la demanda en la industria automotriz, por dar un ejemplo. No tiene mucho sentido echarse a correr detrás de las subvenciones; más bien es hora de esperar el efecto de las medidas tomadas.

Por ello, es justificado el escepticismo con respecto a los cinco mil millones de euros adicionales que quiere invertir la Comisión Europea. Dicha suma no es más que una gota de agua en el océano. Lo importante es, por el contrario, que la UE reserve 50 mil millones de dólares para contener la balanza de pagos de los países miembros. Esto podría ser una enorme ayuda para los países del sur y sureste europeo que no pertenecen a la eurozona, ya que algunos de estos Estados se han endeudado en moneda extranjera y se ven confrontados, a causa de la caída de las propias divisas, con intereses casi imposibles de pagar. Aquí ya no ayuda el consejo de ser más cuidadoso con las deudas en moneda extranjera, lo cual es cierto y no fue considerado correctamente. Aquí se necesita solidaridad. Los países económicamente fuertes de la UE, por ejemplo, Alemania, están dispuestos a brindarla.

La UE también está lista para ayudar a países en desarrollo que estén necesitados a causa de la crisis económico-financiera global. Para ello, según una resolución de los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE, la dotación financiera del Fondo Monetario Internacional deberá duplicarse de 250 a 500 mil millones de euros. Para dicho incremento de las reservas del FMI, la UE pondrá a disposición garantías por 75 mil millones de euros, con lo cual lleva cerca del 40 por ciento de la carga. Pero no sólo se trata de mejorar el capital del FMI. Igualmente importante es que el FMI asuma en el futuro un papel preponderante en la lucha contra los excesos de los mercados internacionales. A nivel internacional no existe otra institución que fuese más adecuada. Es el cuartel de bomberos de los mercados a nivel global, cuando los intentos nacionales de apagar el fuego de las crisis de las balanzas de pago fracasan.

La crisis no sólo está hoy presente, sino que será aún mayor y más dramática. En una situación así sólo ayudan grandes cantidades de dinero, en especial si se trata de evitar la caída de bancos y el efecto dominó que ésta conlleva. Del mismo modo, es necesario emplear grandes sumas para detener la debacle económica y construir una base para que la economía mundial se recupere. Pero algo está claro: luego de la crisis, la vuelta al saneamiento de la economía interna es prioritaria. En tiempos como estos se ve a las claras cuán importante es esto, ya que, gracias a que el gobierno alemán se acercó a cumplir el objetivo de equilibrar la economía del Estado, tiene ahora los medios financieros necesarios para combatir la crisis. Eso significa que, si la economía retoma el camino del crecimiento, el tema predominante no será la reducción de impuestos, sino el saneamiento económico, ya que el Estado estará aún más restringido cuando la crisis económica haya pasado.

Autor: Karl Zawadzky
Editor: José Ospina Valencia