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Así es Alemania

Convertir minas abandonadas en motores turísticos

En los años noventa, Zollverein, una mina alemana reconvertida en centro cultural, inició un exitoso modelo de revitalización de patrimonio industrial y desarrollo regional.

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La mina Zollverein en Essen

El recuerdo de los prisioneros que ocuparon esa colonia-prisión desde comienzos del siglo XIX era todo lo que le quedaba a la pequeña localidad rural holandesa de Veenhuizen. Abandonada a finales de la década de los 60, las pequeñas casas que habían albergado a los reos, los almacenes que habían vivido de la colonia penal, el molino que había llevado el agua al pueblo: todo comenzó a morir en una neblinosa y larga agonía.

Imposible imaginar que el derruido pueblo, cincuenta años más tarde sería visto como un lugar encantador, que acaba de ganar  uno de los premios turísticos europeos (EDEN) por su labor de regeneración de edificios y la revitalización del patrimonio industrial.

Zaanse Schans, Zaandam, Holland Flash-Galerie

Zaanse Schans, Zaandam en Holanda de la Ruta Europea de Patrimonio Industrial

El espíritu de Zollverein

“Esta edición de los premios del turismo europeo están imbuidos en el espíritu de Zollverein”, cuenta a Deutsche Welle Martina Tendick, Coordinadora de Turismo de la Fundación que gestiona la famosa mina alemana, personaje principal hasta la década de los ochenta de la  región carbonífera de la cuenca del Ruhr. Su cierre en 1986 y la decadencia de esa industria significaron la depresión del entorno. Reconvertida para la cultura en la década de los noventa, declarada patrimonio cultural por la Unesco, la mina Zollverein atrajo en 2010 a 2,2 millones de visitantes.

“La idea de reconstruir el patrimonio industrial y utilizarlo para revitalizar regiones salió de Düsseldorf”, cuenta a Deutsche Welle Hildebrand de Boer, directivo de ERIH (European route of Industrial Heritage), la ruta europea de patrimonios industriales. “La revitalización de la región del Ruhr fue lo primero; luego en el año 2000 comenzamos a desarrollar un plan maestro para un proyecto europeo”, añade.

En un primer momento detectaron monumentos industriales sólo en Holanda, Bélgica, Alemania y Gran Bretaña. Entretanto, la red de monumentos industriales recuperados para el turismo incluye objetivos en 17 países europeos.  Por este concepto apuestan también la Federación de Trenes Turísticos en Inglaterra, la ruta del carbón en Polonia y el Comité Internacional para la conservación de la herencia industrial –que incluye objetivos en América Latina. 

Copyright: ERIH (European Route of Industrial Heritage) Bilder sind Pressefotos (http://www.erih.net/de/informationen/pressefotos.html)

La mina Geevor Tin en , Pendeen, Inglaterra

Orgullo, patrimonio, turismo y desarrollo

Con todo, una experiencia no es igual a la otra. “En la región de Amsterdam, la cultura industrial es sólo uno de los muchos enfoques; no necesitan su legado industrial para reforzar la identidad. Pero hay otras regiones más “grises”, en donde hubo una especie de monocultivo industrial. De acero y carbón. O de astilleros, en la Europa del Este. Ahora apuestan por la evolución hacia una economía más diferenciada pero conservando su patrimonio industrial”, cuenta De Boer. “No es tan fácil”, añade, pues es usual que los vestigios de esa historia industrial no sean motivo de orgullo. Muchos estarían más contentos si desapareciesen. 

Como Zollverein, Veenhuizen

A pesar de que no ha sido fácil, el modelo de la mina alemana Zollverein como regenerador económico y cultural de una región ha tenido éxito.Tanto es así que aunque se espera que baje el pico de asistencia alcanzado en 2010 por ser capital europea de la cultura (2,2 millones de habitantes), se calcula que el nivel este año oscilará entre 1,7 y 1,9 millones de visitantes. Es más, aunque el gobierno regional y la Unión Europea invierten todavía muchos millones en la conservación de la arquitectura, como centro cultural podría existir sin subvenciones.  

Weltkulturerbe Völklinger Hütte, Völklingen, Saarland

Völklinger Hütte, en el Sarre alemán

“Hasta el 2009”, cuenta Martina Tendick, “llegaba usted a la estación de Zollverein y si preguntaba por la mina le respondían: ¿pero qué quiere hacer usted ahí? Pues aunque la vida entera había vivido con y por la mina, no la veían como un valor. Llegar al punto de que la gente esté orgullosa de su cultura industrial, de que lo vean como parte de su historia e identidad ha costado”, subraya Tandick.

Y así como en la exitosa Zollverein, el carbón dejó paso a la cultura y se convirtión en modelo de exportación, en Veenhuizen -apoyada con fondos de desarrollo regional- , los fantasmas han dejado paso a unos 160.000 turistas cada año; la  población holandesa, convertida en joya turística , puede ahora estar orgullosa de su patrimonio industrial, aunque haya sido una prisión. 

Autora: Mirra Banchón
Editor: José Ospina Valencia

 

 

 

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