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Salud

Contra la embolia, células como fármacos en el cerebro

El Instituto Internacional de Neurociencia de Hanover cree haber dado con el método para instalar, metafóricamente, una “fábrica de medicamentos” contra los accidentes cardiovasculares en el cerebro.

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El cerebro sufre un ataque como el que afecta al corazón en un infarto.

El accidente cardiovascular, más conocido como “embolia” aunque ésta sea sólo una de sus variantes, es un ataque cerebral, similar al que sufre el corazón en los infartos, a raíz del cual el riego de sangre al cerebro queda interrumpido. El sistema nervioso central se ve afectado y los daños pueden ser irreversibles.

Schlaganfall Reha

Ejercicios de rehabilitación tras una embolia.

La idea de que este tipo de enfermedades sólo afecta a personas de edad avanzada es falsa. El accidente cardiovascular no está restringido a determinados periodos vitales: incluso los fetos pueden padecerlo.

La revista alemana Fortschritte der Neurologie – Psychiatrie, “Avances de la Neurología – Psiquiatría”, acaba de publicar un estudio sobre los efectos de estos ataques en niños y jóvenes, sometiendo a estudio para ello a 111 pacientes de entre tres y 18 años. El magazín llega a la conclusión de que, para recuperarse de esta traumática experiencia, los pequeños no sólo requieren largas terapias de rehabilitación motriz, sino también psicológica.

Seguramente en este punto el nuevo método del Instituto Internacional de Neurociencia de Hanover tenga poco que aportar. Pero si las células madre hacen en el cerebro humano su trabajo como lo han hecho en el de los animales testados, al menos las consecuencias físicas de los accidentes cardiovasculares podrían verse considerablemente reducidas.

Como una bolsita de té

Aunque la comparación no resulte muy agradable, parece una bolsita de té, aseguran los médicos. Dentro no guarda aromáticas hierbas sino duplicados de una célula madre, y no está pensada para introducirla en una taza sino en la cabeza de quien ha sufrido un accidente cardiovascular.

Lo nuevo de la terapia que dirige el profesor Thomas Brinker es que no hace uso de las células madre para que recompongan los tejidos dañados: la tarea más habitual que se le ha concedido a estos elementos capaces de “auto regenerarse”. Brinker utiliza las células madre como fármacos, como la forma de hacer llegar a los recodos del cerebro cantidades de medicina que de otro modo serían imposibles de aplicar.

Porque la bolsita de té a implantar en el enfermo no contiene células madre en sí, sino el resultado de haberlas manipulado genéticamente para que produzcan proteínas. Esas proteínas tienen un efecto antiinflamatorio, protegen a las neuronas y activan los procesos de regeneración naturales del organismo. “Es como tener una fábrica de medicamentos en el cabeza”, resume el profesor.

Una vez que ha cumplido su misión, la bolsita, que mide 1,5 por 1,5 centímetros, es retirada del cerebro para que no aparezcan complicaciones posteriores.

Por primera vez en un humano

Hasta hace poco, el método del instituto de Hanover sólo había sido probado en animales, en gatos y ratas que respondieron positivamente a la terapia. Ahora, la bolsita ha sido transplantada por primera vez al cerebro de un humano. El paciente tiene 49 años, se llama Walter Bast y, superada la operación, asegura sentirse estupendamente. “Me encontraba tan mal”, comenta Bast, “pero ahora estoy muy bien”.

Sin embargo, los médicos aún no pueden afirmar que sea la bolsita cargada de células y no la simple intervención quirúrgica la culpable de las mejoras en el enfermo. En incluso si a Bast el método llegara a ayudarle, habría que comprobar sus efectos en otras 19 personas antes de poder aseverar su eficacia.

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