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Salud

¿Conoce usted bien sus lunares?

¿Qué son esas manchas que aparecen sobre nuestra epidermis, lunares heredados, lentigos adquiridos o las manifestaciones de un cáncer de piel? ¿Cuándo debemos visitar a un especialista para que las ponga bajo su lupa?

Aunque nuestros lunares, nuestras pecas y nuestros lentigos solares no son indicios de que algo anda mal con nuestro hígado, estas marcas de la piel suelen ser descritas coloquialmente como manchas hepáticas. En la jerga médica son conocidas como nevus. Se trata de excrecencias de las células pigmentarias o cromatóforos. Estas malformaciones de la piel pueden tener causas distintas. Algunas tienen carácter hereditario –es decir, surgen por predisposición genética– y otras se deben a una sobreexposición a los rayos ultravioletas del Sol.

Los nevus también pueden aparecer como resultado de una determinada terapia medicamentosa, como señal de que el sistema inmunitario está debilitado o como producto de los cambios hormonales que tienen lugar durante la pubertad o el embarazo. Los bebés suelen nacer sin estas marcas, pero, con el paso del tiempo, aparecen inexorablemente en la piel de todas las personas, independientemente de cuán clara u oscura esta sea. Sin embargo, aún se desconocen los factores específicos que propician la aparición de estas manchas.

Las células pueden adquirir una naturaleza cancerígena si las manchas hepáticas se sobreexponen a los rayos del Sol.

Las células pueden adquirir una naturaleza cancerígena si las manchas hepáticas se sobreexponen a los rayos del Sol.

El Sol, un amigo de cuidado

Generalmente, las manchas hepáticas no indican que una persona esté enferma ni tampoco causan patologías. La mayoría de la gente pasa la vida sin tener problemas con sus manchas, sean estas oscuras o claras. Pero sus células pueden dejar de ser benignas y adquirir una naturaleza cancerígena si las manchas en cuestión se sobreexponen a los rayos del Sol. En Alemania, los médicos recomiendan a sus pacientes –independientemente del color de su piel– que un especialista inspeccione sus manchas.

Dependiendo del país y de la vulnerabilidad relativa de su población, estos chequeos dermatológicos deberían tener lugar anual, bienal o trienalmente. Cualquier persona puede padecer cáncer de piel debido a la degeneración de sus manchas hepáticas. Tres factores juegan un papel importante: el color de la piel (las pieles más claras son más susceptibles de desarrollar un cáncer de piel), la cantidad de manchas a la vista (mientras mayor sea el número de manchas, mayor será el riesgo) y la región del planeta donde uno vive.

Reconociendo el cáncer de piel

Los casos de cáncer de piel abundan entre los australianos porque un gran número de inmigrantes de piel clara, predispuestos genéticamente a tener muchas manchas hepáticas, viven en un territorio expuesto a altos índices de radiación ultravioleta. Pero ¿cómo determinar si una mancha hepática puede convertirse en una manifestación de cáncer de piel? Los expertos sostienen que las probabilidades son mayores si la mancha es asimétrica, si sus contornos son irregulares y si su coloración es inusual (azul, blanca o roja, por ejemplo).

El hecho de que una mancha adquiera relieve hasta hacerse claramente tangible o de que crezca sin parar pueden ser otras señales de advertencia; las marcas que sean abultadas o tengan más de seis milímetros de diámetro son dignas de atención médica. También es importante tener en cuenta que las manchas hepáticas malignas no dejan de crecer; éstas pueden sangrar o mostrar emisiones húmedas, picar o cubrirse de costras. Si una de nuestras manchas presenta alguno de estos síntomas, quizás sea hora de visitar al dermatólogo.