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Política

Conferencia de Annapolis: ¿chance para la paz?

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Ehud Olmert, (dcha.) y Mahmoud Abbas: condenados a la paz.

La difícil situación antes de la conferencia sobre el Oriente Próximo en Annapolis no puede hacer olvidar que no hay alternativa a un reinicio de las conversaciones de paz.

Si no se logra realizar progresos pronto por la senda de las negociaciones, continuarán siendo debilitadas las fuerzas de los Territorios Palestinos que apuestan por una solución en la mesa de negociaciones. En ese caso sería impensable retomar el proceso de paz en un futuro próximo.

Se aspira a que en Annapolis se ponga en marcha un proceso para llegar a soluciones a cuanto al status político final en la región. Pero ese proceso sólo puede ser exitoso si la comunidad internacional interviene consecuentemente en la regulación de conflicto.

Los esfuerzos realizados hasta ahora para llegar a la paz han demostrado que una solución de los puntos centrales aceptable para ambas partes es posible. En las negociaciones de status final de Camp David y Taba, las posiciones de Israel y los palestinos con respecto a temas centrales, como las fronteras y Jerusalén, efectivamente se acercaron.

Un modelo viable existe

La “Iniciativa de Ginebra”, un acuerdo inoficial entre políticos moderados de ambas partes, ofrece incluso un modelo viable para una solución de paz. El desarrollo del proceso de paz hasta ahora ha dejado claro, sin embargo, que Israel y los palestinos no están en condiciones de solucionar solos el conflicto en forma pacífica y constructiva.

Por ello, la comunidad internacional debería impulsar activamente la rápida elaboración, por parte de ambos bandos, de un marco de referencia para negociaciones acerca del status final basado en las propuestas de compromiso realizadas hasta ahora.

Además se necesitan claras modalidades de regulación de puntos en discordia y un cronograma para la creación de un Estado palestino. Como ya está previsto en la “Hoja de ruta”, el Cuarteto del Oriente Próximo —ONU, EE. UU., UE y Rusia— debe asumir un papel decisivo en el control de la implementación de los adelantos logrados en las negociaciones.

En los territorios palestinos, fuertemente fragmentados debido a puntos de control, mallas y muros, gran parte de la población no tiene trabajo y depende de la ayuda internacional. Ello es suelo nutricio para el surgimiento justamente del extremismo y la violencia de la que Israel quiere protegerse.

El papel de Alemania y Europa

Para romper ese círculo vicioso, Alemania y Europa deberían ayudar a crear las bases para un verdadero desarrollo económico en los territorios palestinos. Además deberían llevarse a cabo e intensificarse medidas para mejorar la seguridad en los territorios palestinos.

El desarrollo político luego de la victoria de Hamás en las elecciones parlamentarias palestinas de enero de 2006 demuestra que la política occidental destinada a aislar a Hamás de ninguna manera fortalece a las fuerzas moderadas en los territorios palestinos.

Por el contrario, esa política ha llevado a una agudización de los conflictos entre los propios palestinos y a una escisión del liderazgo palestino. No obstante, una participación plena de Hamás en las conversaciones de paz no es posible actualmente, sencillamente porque Hamás no quiere participar en el proceso de paz. No obstante, debería buscarse una cooperación con Hamás en cuestiones técnicas, para, a través de una mayor inclusión de las fuerzas moderadas palestinas, crear a mediano y largo plazo una base palestina lo más amplia posible para llegar a una paz con Israel.

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