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El Mundo

Comentario: Mucha agenda en poco tiempo para el G7

Con 3.500 policías y cientos de periodistas y diplomáticos, la cumbre del G7 en Lübeck superó el marco normal. Era importante llevar a cabo las conversaciones, pero el costo fue demasiado alto, opina Bettina Marx.

Los ministros de Relaciones Exteriores de las siete potencias mundiales debatieron las crisis que asuelan al planeta durante unas 24 horas. Pero, en realidad, las horas en las que pudieron hablar realmente sin ser molestados fueron muchas menos, ya que el programa eran tan amplio que les tomó una gran cantidad de su tiempo.

La ceremonia de bienvenida, la firma del Libro de Oro de la ciudad, un viaje en bote por el río Trave, fotos recordatorias y conferencias de prensa hicieron que no quedara mucho margen para un debate profundo sobre los varios temas urgentes, desde la crisis en Ucrania hasta las negociaciones nucleares con Irán y el conflicto en Cercano Oriente.

Además, de los siete ministros de Exteriores puede decirse que solo se reunieron seis, ya que el secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, solo permaneció dos horas el primer día de la cumbre porque tuvo que volver a Washington debido a las negociaciones nucleares con Irán, que corren peligro por la oposición en el Congreso por parte de los republicanos.

Poco tiempo para conversaciones

Es decir que, para poder hablar sobre los numerosos conflictos y crisis que sacuden al mundo quedó poco tiempo. Por eso quizás no sorprende que durante la reunión en Lübeck, además de tres declaraciones no hubo muchos resultados concretos, si bien ese tampoco fue el objetivo de la cumbre del G7. Lo que se buscaba era, sobre todo, preparar la gran cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que tendrá lugar en junio, en el castillo Elmau, Baviera. En primer lugar, esta cumbre apuntó a continuar el diálogo para encontrar soluciones a las crisis, ya que ese es el objetivo central de la diplomacia.

Claro que también se puede, como lo hizo el diputado de La Izquierda Jan van Aken, quejarse de que el G7 no representa a la mayoría de la población, y decir que sin Rusia no se puede pensar en una solución a la mayoría de los conflictos. Sin embargo, también se puede dar vuelta ese argumento y decir que, justamente porque representan a los siete países industrializados más importantes y poderosos del mundo, los siete ministros de RR. EE. cargan con una responsabilidad extraordinaria en cuanto a lo que sucede en el planeta. Y a nadie se le ocurriría pensar que, tanto el ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, como sus homólogos de los otros seis países no tienen la sincera voluntad de querer contribuir a una distensión de la violencia en los conflictos que ponen en peligro la paz mundial.

El encuentro de los ministros de Relaciones Exteriores fue, por tanto, útil y tuvo sentido. Pero hubiera sido mucho mejor si hubiera quedado más tiempo para los debates importantes. Por lo tanto, sería bueno y positivo dada la gravedad de los temas a tratar que el G7 volviera a sus sencillos comienzos, como en los años 70. Un poco menos de turismo político, menos costos, y más tiempo para un intercambio a nivel político que se vuelve urgente y necesario.