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El Mundo

Cerrar Guantánamo: una misión complicada

Ocho años después de que Obama prometiese el cierre del campo de prisioneros de Guantánamo, vuelve a poner el tema sobre la mesa. Pero aunque tenga éxito, para algunos no solucionaría el problema básico.

A falta de menos de un año para el final de su mandato, el presidente Obama emprendió un último intento para cerrar el campo de prisioneros de Guantánamo en Cuba. Un plan presentado que tendrá que enfrentarse tanto a la mayoría republicana del Congreso, como a los tres candidatos republicanos a la presidencia que lo rechazan categóricamente.

Actualmente, en Guantánamo hay 91 prisioneros y 35 de ellos ya tienen aprobada su puesta en libertad. En su punto álgido, durante el mandato de Bush, el centro de internamiento llegó a alojar hasta 800 prisioneros. Ahora, según el plan presentado, un comité decidirá cuáles de los 56 restantes podrían ser liberados o enviados a otro país. Los que sigan prisioneros, podrían ser trasladados a otras instituciones penitenciarias de Estados Unidos. “Mantener abierto Guantánamo contradice nuestros valores”, dijo Obama: “Echa por tierra nuestra imagen y perjudica nuestra fama de respetar los estándares más altos del Estado de derecho”.

Barack Obama presenta su plan para el cierre de Guantánamo.

Barack Obama presenta su plan para el cierre de Guantánamo.

Según Omar Shakir, del Centro Estadounidense de Derechos Consitucionales (CCR), habrá que esperar para ver si Obama puede mantener realmente tales estándares con su plan. “El proyecto parece indicar que hay un número de prisioneros que continuarán detenidos en Estados Unidos”, aclara Shakir a DW. “Por la razón que sea, Estados Unidos decidió que no puede acusarles”, continúa, “bien porque no hay pruebas que los inculpen o porque dichos indicios fueron obtenidos por medio e torturas”.

Camino fácil a Guantánamo

Antes de llevar a los prisioneros a Estados Unidos, la Casa Blanca debería encontrar una institución para ellos. Para ello, el Pentágono escogió 13 posibles lugares. Pero el Congreso impuso ciertas limitaciones. “Para cerrar Guantánamo el plan precisa del apoyo del Congreso”, afirma Matthew Waxman, responsable de los detenidos por la “Guerra contra el Terror” durante el Gobierno de Bush. “Existen leyes que limitan el traslado de personas a Estados Unidos y el Gobierno de Obama debería trabajar con el Congreso para levantarlas”, concluye Waxman.

Pero ganar la aprobación del Congreso podría ser más que difícil. Cuando en 2010 había mayoría demócrata en ambas cámaras, el Congreso rechazó la financiación de dichos traslados de prisioneros a Estados Unidos. Este año, aparte del dominio republicano en los dos órganos, se celebran elecciones presidenciales y los tres candidatos republicanos rechazan el cierre de Guantánamo. “Cuando atrapamos a los terroristas vivos solo reciben un billete de ida a Guantánamo y entonces averiguamos todo lo que saben”, se dijo en una declaración a la prensa del candidato Marco Rubio. “Los soldados enemigos tienen que ser procesados por un tribunal de guerra”, añadía el senador de Florida: “Ningún preso de Guantánamo será juzgado ante nuestros tribunales en suelo estadounidense”. En una encuesta realizada el pasado año, el 52% de los estadounidenses se declaró contrarios al cierre de Guantánamo y solo el 29% lo aprobó.

Un nuevo código postal

Aunque haya rechazo político, Omar Shakir, del CCR, considera que Obama podría actuar sin tener el apoyo del Congreso, reduciendo el número de prisioneros y acelerando el proceso de traslado. “El presidente ya podría haber dado estos pasos hace años y también lo puede hacer ahora”, cree Shakir. Pero aun así, internarlos en un nuevo centro no solucionaría el problema básico: “La vergüenza de Guantánamo no es solo su situación, sino un sistema de prisión ilimitada para el que ni siquiera se exige una acusación”, concluye Shakir: “Si trasladan los prisioneros a Estados Unidos lo único que cambiará de Guantánamo será el código postal”.

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