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Ecología

Centrales eléctricas de corriente ascendente: un mañana limpio

Producen energía sin emitir CO2 y sin carburantes fósiles. Serían gigantescas, pero dicen los ingenieros alemanes que funcionales. Una nueva generación de centrales eléctricas podría ser el futuro ecológico del sector.

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Central eléctrica de corriente ascendente en Manzanares, España. La torre mide 200m.

No es que el hombre, y menos si el hombre es germano, haya empezado a buscar métodos alternativos de generar energía antes de ayer, cuando se desató el debate mundial sobre el cambio climático. En 1982, por ejemplo, un ingeniero de Stuttgart llamado Jörg Schlaich construyó en Manzanares, España, una central eléctrica de corriente ascendente.
Aufwindkraftwerk in Spanien

La central de Manzanares demostró que la tecnología funciona.

“Las centrales eléctricas de corriente ascendente funcionan aprovechando la máxima radiación solar sobre el suelo. El sol calienta el suelo, y éste calienta el aire que se encuentra sobre él. Entonces basta con delimitar el camino por el que debe circular ese aire. Para ello, se cubre con cristal una determinada zona, inclinándola hacia una torre situada en el centro. El aire caliente sube y encuentra salida a través de la torre. En la torre se colocan una serie de turbinas que, activadas por el aire, producen energía sin costes y sin perjuicio de la naturaleza”, explica el ingeniero eólico Hans-Jürgen Niemann.

La central de Manzanares de hace 16 años no cubrió las expectativas: de ella no salía energía suficiente. Pero Niemann espera ahora darle nueva vida a esta tecnología. Porque lo que sí ha cambiado desde que la discusión sobre el calentamiento global irrumpió a gran escala, y sobre todo desde que los precios de los carburantes se han disparado, es el interés por las “otras vías”.

En Alemania, no

La clave para que la central de corriente ascendente que planea Niemann logre mayor éxito que sus antecesoras reside, por supuesto, en aumentar su productividad. El objetivo es perfectamente factible, pero necesita espacio. Mucho espacio. Una planta que, siguiendo este principio, aspire a generar 200 megavatios de energía requiere de una superficie de siete kilómetros cuadrados.

Blume in der Namib Wueste, Namibia.

Namibia, donde ya existe una de estas centrales, es uno de los países apropiados.

La torre central alcanzaría los 1.000 metros de altura, e incluso más. Los cementos desarrollados en los últimos años son lo suficientemente flexibles para que tales dimensiones no supongan problema alguno, asegura Wilfred Krätzig, el arquitecto especialista en armaduras que trabaja con Niemann. Además, dicha torre tendría forma de cúpula, y sería la cúpula la que sostendría la mayor parte del peso.

Aún así, Alemania no se presenta como el país apropiado para el proyecto: le falta el sitio, el clima y el interés. Este tipo de centrales, aunque made in Germany, no despiertan especialmente pasión entre las empresas alemanas. Pero el mundo no acaba, por suerte, en el corazón de Europa. “Los países árabes están muy interesados en esta tecnología. El crudo caro prefieren exportarlo y ellos mismos producir electricidad a bajo precio”, dice Krätzig.

Invernadero además de planta

En Europa, España y Turquía son los países que según los alemanes más se prestan a ser base de centrales de corriente ascendente. De hecho, además de en Manzanares, España cuenta con una segunda planta en Ciudad Real. También en Buronga, Australia, existe una central de este tipo. Pero, en realidad, son los países en vías de desarrollo los que los ingenieros tienen en mente.

Las centrales de corriente ascendente representan un modo económico, además de ecológico, de producir energía, y su cúpula puede ejercer una segunda función: la de gigantesco invernadero. En él se podrían cultivar plantas y hacer crecer frutales exóticos para las latitudes que rodean a los 30 grados sur y los 30 grados norte, las zonas en las que se dan las condiciones climáticas adecuadas para que funcione esta tecnología a base de aire y sol.

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