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Deportes

Censura de Internet: autogol en Pekín

Amplias protestas internacionales se levantan por la censura de portales de Internet incómodos para Pekín, mientras crecen las dudas sobre cuánto “control” aceptó el Comité Olímpico Internacional.

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Los periodistas extranjeros se quejan de la censura de Internet en el centro de prensa de Pekín.

Faltando una semana para el inicio de los Juegos Olímpicos de Pekín, nadie habla –por lo menos en Alemania- de los magníficos estadios, ni de las maravillas que supuestamente se preparan para la gran fiesta original. ¿El motivo? Los periodistas que acudieron a cubrir la gesta olímpica se ven confrontados con lo que para sus colegas chinos y para el común de la población local es el pan de cada día: la censura en Internet.

China Fernsehgebäude von CCTV in Peking

La nueva central de un canal de TV: moderna es la fachada, pero la prensa sigue sin gozar de libertad.

Las promesas de que la prensa gozaría de todas las libertades para realizar su labor durante los juegos de Pekín, evidentemente, no se han cumplido. Por lo menos no de acuerdo con los parámetros occidentales. Y eso resulta inaceptable, por ejemplo, para el jefe de la Federación Olímpica Alemana, Michael Vesper, quien indicó que “la posibilidad de investigar libremente forma parte de la libertad de prensa y, esa posibilidad de investigar incluye también el acceso a Internet”. Las autoridades chinas lo ven de otro modo y mantuvieron bloqueadas varios portales, como el de Amnistía Internacional, el de Reporteros sin Fronteras y la Deutsche Welle.

Boicot impracticable

La BBC, que también se había visto afectada por la censura, comunicó este jueves que su página en chino había quedado disponible, lo cual se interpretó como una buena señal. ¿Cederá finalmente Pekín a la presión internacional? Esa presión, sin embargo, no parece tan potente como para hacer recapacitar al gobierno chino. A estas alturas, pocos son los recursos. Retirar a las grandes cadenas y boicotear por ejemplo la transmisión de la ceremonia de apertura, como demandó un político socialdemócrata alemán, no parece viable, máxime teniendo en cuenta el dinero que hay de por medio, por concepto de derechos y pagos de auspiciadores.

El propio Vesper considera que esa no es la solución y exhortó al jefe del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, a intervenir a favor del libre acceso a Internet en Pekín. “Los organizadores se están metiendo un autogol”, apuntó. Sin embargo, el autogol bien podría anotárselo el propio organismo internacional, que ha quedado en entredicho en este asunto. El corresponsal del periódico británico The Guardian provocó revuelo al indicar: “ahora nos enteramos de que el COI ha acordado con las autoridades chinas aceptar el bloqueo de páginas de internet”. El jefe de la Federación Olímpica Alemana dijo no saber nada al respecto, acotando: “sinceramente no me lo puedo imaginar”.

Complicidad del COI

Menos benevolentes han sido otros, como el líder de Los Verdes alemanes, Reinhard Bütikofer, quien acusó al COI de complicidad con los encargados chinos de la censura. Éstos, por su parte, alegan que el bloqueo de Internet es sólo parcial y que, principalmente, sólo afecta a algunas que “violan las leyes chinas”.

A diferencia de las democracias, en las que efectivamente se intenta poner coto en la red a delitos como la pedofilia, por ejemplo, en una dictadura, la mera crítica puede resultar ilegal. Y ahí está el problema. Previendo que los problemas no desaparecerán, Reporteros sin Fronteras publicó una serie de recomendaciones para los periodistas que cubran los Juegos Olímpicos. Por ejemplo, aconseja proteger la correspondencia electrónica con programas especiales, poner sus computadores a resguardo de troyanos y utilizar claves de acceso seguras. Además, recomienda tratar, al margen de lo deportivo, temas como las medidas de seguridad y los procedimientos empleados contra periodistas y defensores de los derechos humanos”. Si los enviados especiales acogen estas sugerencias, Pekín se habrá metido un autogol adicional.

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