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Caracas: una vorágine de violencia

Jan D. Walter
19 de abril de 2017

La crisis en Venezuela afecta a la población en todos los aspectos de la vida. Alemanes que viven en Caracas relataron a DW sus experiencias, anónimamente, por temor a represalias.

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Venezuela Caracas Cota 905
Imagen: imago/Xinhua

Las estadísticas no mienten: Caracas es, desde hace años, una de las ciudades más violentas del mundo. En 2015, la tasa anual de criminalidad fue de 120 asesinatos por cada 100.000 habitantes, casi cuatro veces más que en Bagdad y 20 más que tres años antes.

Más allá de las estadísticas, a Gerhard R. (nombre cambiado), director de una empresa de logística, le preocupan los problemas de los empleados de su empresa en Caracas. Hoy, no solo es la violencia, sino también el hambre. Durante su última visita a la capital venezolana, a comienzos de este año, le llamó la atención cuánto peso habían perdido sus seis trabajadores. "Había oído hablar de la 'dieta de Maduro', ahora la acabo de ver”, dice. "Dieta de Maduro” se llama en Venezuela sarcásticamente a la escasez de alimentos. En una encuesta, los participantes manifestaron que en 2016 perdieron en promedio 8,7 kilos de peso.

 

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El objetivo de su visita a Caracas fue para R. una forma de brindar "apoyo moral”. Porque, de cualquier manera, los negocios de su empresa en Venezuela van mal. "Esperamos que en algún momento, la economía se recupere y que entonces seamos una de las pocas empresas de logística que quedan en el país y podamos aprovechar esa coyuntura”, dice.

La empresa de logística de R. tiene dependencias en varios países de la región. R. viaja a América Latina varias veces por año. "Asaltos, atracos, robos, secuestros exprés hay en muchos países, pero en Caracas adquieren características extremas”, dice. Por eso, en qué basar la esperanza de un futuro mejor, nadie lo sabe hoy.

Esperanzas perdidas

Uno de los que también perdió la esperanza es Steffen G. (nombre cambiado), que decidió marcharse. Vivió ocho años en Caracas e hizo carrera en una empresa alemana. Se casó con una venezolana y fundó una familia. En 2013 optó por abandonar el país: "Antes uno podía moverse libremente, observando un par de reglas. Pero en determinado momento, ningún muro fue lo suficiente alto como para detener a los ladrones”.

Agrega que la disposición a la violencia aumentó dramáticamente con la crisis de abastecimiento. "La mayoría de los atracadores no tienen otra elección para poder pagar alimentos y medicamentos”, dice. A ello se agrega que la policía no hace nada contra los ladrones. "Probablemente, los policías se benefician ellos también o, por lo menos, no quieren exponerse a peligros”, explica.

Venezuela Operation gegen die organisierte Kriminalität in Caracas
Miembros de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en una calle de Caracas. Imagen: picture-alliance/dpa/M. Gutierrez

En Venezuela, la confianza en la policía es nula, dice también Gerhard R. Además, en Caracas percibe una atmósfera de desconfianza que no conoce de ningún otro país. "En Brasil, un delito se denuncia por lo menos ante la policía; en Venezuela, generalmente no”, agrega. Además, a Venezuela viaja solo con equipaje de mano, para que nadie le pueda poner nada en la maleta. Por la misma razón, agrega, prácticamente ya no hay empresas de logística que organicen exportaciones desde Venezuela: demasiado grande es el riesgo de que los aduaneros escondan drogas en la carga.

Éxodo de extranjeros y venezolanos

La ida de Steffen G. y su familia no es la única. Muchos extranjeros abandonaron Venezuela en los últimos años. Y nuevos, no llegan. Muchas empresas internacionales han suspendido sus operaciones y solo queda una cáscara jurídica pro forma.

También muchos venezolanos abandonan el país. Para 2016, diversas fuentes estiman el éxodo en 150.000 personas. Ya antes, muchos venezolanos con educación superior abandonaban el país, por ejemplo, con destino a Estados Unidos. Allí, del 2000 al 2012, el número de venezolanos se duplicó, llegando a ser hoy de 180.000. Pero, actualmente buscan irse del país también personas sin particular cualificación.

Eso representa un problema también para la economía venezolana. "Algunas empresas han trasladado su personal venezolano a filiales, por ejemplo, en Chile o Colombia”, dice Gerhard R. Cuando las cosas mejoren, podrían volver a Venezuela a trabajar. Pero, cuanto más dure la crisis, menos personas estarán dispuestas a abandonar su nueva vida y agrega, no muy convencido: "Esperemos que pronto mejore la situación”.