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América Latina

Campanas alemanas llenan de música el norte de Chile

Se fabrican en Alemania, pero su sonido se escucha hasta en la Catedral de Antofagasta, en la Segunda Región de Chile, donde lucen con orgullo sus 12 nuevas campanas.

Unas cinco fundiciones de campanas activas quedan en Alemania. Son expertas conocedoras de un oficio que combina el duro trabajo del metal con la técnica para dar con la nota precisa. Y hoy, además, cuentan con modernos sistemas para producir los sonidos, sin necesidad de los antiguos cordeles.

En la sureña ciudad de Passau, la fundición Perner cuenta con más de 200 años de historia y sus campanas están repartidas por toda Alemania y el mundo. Desde Estados Unidos a Sudáfrica y desde Hong Kong a Paraguay, llenan de sonidos la ciudad, ya sea desde una iglesia, un monasterio o una universidad.

Toda una atracción resultaron las enormes campanas alemanas en su exhibición frente a la Catedral de Antofagasta.

Toda una atracción resultaron las enormes campanas alemanas en su exhibición frente a la Catedral de Antofagasta.

“Hemos fabricado varios miles de campanas”, calcula Rudolf Perner, quien lleva 24 años en la empresa familiar. La tarea toma varios meses y si el encargo viene de lejos, como ocurrió con las nuevas doce campanas de la catedral de Antofagasta, en el norte de Chile, la espera se alarga.

Un año demoraron en llegar a su destino, desde que comenzaron a ser fabricadas en marzo de 2012. Luego fueron transportadas hasta el puerto de Hamburgo y embarcadas el pasado enero en un viaje de casi dos meses hasta el puerto de Antofagasta, ubicado a unos 1.100 kilómetros al norte de la capital de Chile, Santiago.

No es la primera vez que las campanas de Passau viajan hasta el país sudamericano. Rudolf Perner comenta que su abuelo hizo las campanas de una iglesia de Santiago y él, al terminar su formación, fabricó las de la nueva catedral de Melipilla y viajó personalmente en 1985 para la instalación.

Esta vez las tres campanas mayores y las nueve más pequeñas fueron instaladas según las precisas instrucciones del fabricante y comenzaron a tañer para la celebración de Pentecostés en medio de la expectación de la comunidad. “Sería un sueño ir a Antofagasta y escuchar mis campanas”, dice Perner.

Las enormes campanas fueron levantadas con una grúa hasta el campanario, que debió ser reforzado para sus nuevas ocupantes.

Las enormes campanas fueron levantadas con una grúa hasta el campanario, que debió ser reforzado para sus nuevas ocupantes.

El nuevo campanario se logró gracias al trabajo y las donaciones de empresas, instituciones, el municipio y colaboradores particulares, explica la Hermana Marta Cayo, del Arzobispado de Antofagasta. “Ha sido un trabajo muy colaborativo, con aportes de todo tipo, y los feligreses están muy emocionados”, indica.

Revolución técnica

Eugenio Díaz, un ingeniero químico chileno, conoció a Rudolf Perner hace décadas, cuando asesoraba la construcción de la nueva catedral de Melipilla. Cuando le encargaron buscar nuevas campanas comenzó a peregrinar por iglesias, colegios y monasterios, y luego por embajadas de países fabricantes de campanas, en busca de orientación.

Tras mucho investigar, finalmente optó por la fundición de Rudolf Perner en Passau. Entonces descubrió que “había una revolución técnica que estaba desplazando a las campanas tocadas con cordeles. La aparición de campanas movidas por motores comandados por programas computacionales permitía programar fechas, músicas y frecuencias de una variedad musical enorme”.

Hoy, con 83 años, recibió el mismo encargo para Antofagasta, donde las antiguas campanas habían dejado de funcionar hace años. “Las campanas son instrumentos musicales con una característica propia: no tienen un sonido puro de una determinada nota, además es acompañada por algunas octavas de la misma nota. Para llegar a eso se requiere una técnica muy depurada, que es lo que han conseguido los fabricantes en Alemania”, explica Díaz.

Toneladas sonoras

Las nuevas campanas de Antofagasta están construidas en base a cobre, estaño y níquel, y cada una está calibrada en distintas notas musicales. Las tres más grandes pesan entre 1.060 y 250 kilos. “Son campanas con tañido, que oscilan y el badajo golpea el interior de la campana a ambos lados. Además tienen un martillo electromagnético que las puede golpear desde afuera”, indica Eugenio Díaz.

Investigando el tema de las campanas, Eugenio Díaz descubrió una revolución en la fabricación de estos tradicionales instrumentos

Investigando el tema de las campanas, Eugenio Díaz descubrió una revolución en la fabricación de estos tradicionales instrumentos.

Las nueve pequeñas son fijas y no tienen badajo, sino que son golpeadas por un martillo montado en el interior de cada una. Cuentan con un sistema computacional y un circuito electrónico que acciona 24 melodías previamente programadas para esta iglesia. Entre ellas, temas propios de la celebración litúrgica, villancicos y melodías representativas del repertorio popular de Antofagasta, como “La Virgen del Tamarugal”.

El moderno sistema que las acciona permite que las campanas cumplan diferentes funciones, como el volteo, el repique y los conciertos de carillón. Como es la tradición, una vez en Antofagasta las tres campanas mayores fueron exhibidas a la comunidad antes de ser izadas por una grúa hasta el remozado campanario.

Oficio en extinción

Hace cuatro años Rudolf Perner fabricó su campana más grande, de 10.100 kilos, para un monasterio benedictino en Baviera. Fue un hito dentro de una tradición que, sin embargo, está en extinción. La industria de las campanas recibe cada vez menos pedidos, lo que llevó a Perner a tomar la decisión de cerrar la fundición y conservar solamente el servicio de atención y mantenimiento. El fabricante asegura que no es necesariamente un cierre definitivo y que podrían retomar la fabricación en algunos años.

Mientras tanto, algunas de sus últimas creaciones, resuenan en el norte de Chile, donde no sólo cumplen funciones religiosas, como indicaba el obispo en la inauguración: “Es una manera artística y hermosa de convocar a las personas, no solo para las misas, sino también para Navidad, Año Nuevo o también avisar de fallecimientos y casamientos. Es un sonido que nos acompañará en las tristezas y alegrías de la vida”.

Autora: Victoria Dannemann
Editor: Diego Zúñiga

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