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Economía

Cada flor tiene su precio

El camino de las flores desde América Latina hasta Alemania es largo y espinoso. DW habló con Silke Peters, especialista en estándares ambientales y de mercado, autora del libro “Negocios florecientes“.

DW: En tiempos de la comunicación virtual en los que cada vez más gente se contenta con enviar o recibir un “smiley”, ¿sigue habiendo demanda de flores reales?

Silke Peters:
Sí la hay, y grande. Alemania es líder en la industria de las flores. El volumen del mercado germano de flores y plantas es de 8.200 millones de euros anuales. Una cifra nada despreciable, si se tiene en cuenta que en los últimos años los alemanes han destinado, en promedio anual y per cápita, 37 euros para flores y 67 para plantas, mientras que gastan 45 euros en chocolates. Aunque la tendencia es a la baja, el mercado interno de las flores y plantas representa las dos terceras partes de la industria del pan y las tortas.

¿Se confirma aquí el dicho de que “no solo de pan vive el hombre”?

En efecto. Una flor nos brinda lo que no nos puede dar otro producto. En “Mercados florecientes” describo los sentimientos que hacen de las flores un producto valioso. Las flores son símbolo de belleza y amor, pero también con las que podemos expresar condolencia, simpatía, interés y reconocimiento. Gracias a lo natural de una flor mantenemos una relación emocional con ella que el mundo virtual nunca podrá ofrecer. Por fortuna hay otras cosas que nos alegran la vida, como las flores, la música, el arte, en general.

¿Qué tan rentable es para países latinoamericanos producir y exportar flores?

Las flores son un producto agrario de exportación, con el que, sobre todo, los países del trópico compiten fuertemente con bajos salarios y suelos más baratos. Salarios que, muy a menudo, no corresponden con la intensidad del trabajo que requiere el cuidado y la cosecha manuales de cada flor. El verdadero alto valor de la producción de cada flor no se refleja en los bajos precios por los que supermercados de cadena ofrecen flores en Alemania.

¿Cuáles son las causas de esa distorsión del precio de las flores?

Las flores, a pesar de su valor, han sido convertidas en un producto secundario que los supermercados ofrecen por unas pocas monedas. Muchos creen que si a los clientes no se les ofrece flores a precio de ganga, no las comprarían. Esto pone a las floristerías profesionales ante el problema de una competencia desigual frente a las grandes cadenas que prefieren la cantidad y no la calidad.

¿Es la distorsión del precio de las flores solo un problema generado por los grandes supermercados o hay otras causas para ello?

El mal está relacionado con las estrategias internacionales del mercado de las flores. Una de las cosas que yo critico en mi libro es la subasta de las flores que tiene lugar en Aalsmeer, cerca de Ámsterdam, el mercado de flores más grande del mundo. Y como hay cada vez más países que producen flores, hay una sobreproducción que arruina los precios de venta en el país consumidor. Al mismo tiempo, los cultivadores que compiten en los países productores reducen los precios pagando menos por el intensivo trabajo y no respetando los estándares medioambientales.

¿No sería viable una especie de cartel de las flores, así como existió el del café que regulaba la producción y mantenía el precio? ¿O va esto en contra de la tendencia del libre mercado?

Así es, pero a eso se agrega que la flor es un producto casi eminentemente temporal, cuyas mayores ventas dependen de pocas fechas como San Valentín, el Día de la Madre, bodas o cumpleaños. Eso impediría cualquier intento de fijación de precios. Una opción sería la introducción de sellos de calidad, como en el caso de la producción del café, que garantizan el cumplimiento de estándares laborales y ambientales en la producción. Esta propuesta, empero, tampoco cambiaría la estrategia mundial de los precios.

Desde hace décadas defensores de derechos humanos y sindicalistas han denunciado maltrato laboral y condiciones de trabajo nocivos para la salud y el entorno natural en el sector. ¿Ha mejorado algo?

Silke Peters.

Silke Peters.

Sí, mucho. En la industria ha crecido la conciencia de que no todo se puede. Justamente el motivo central por el que escribí “Mercados florecientes” es destacar el valioso trabajo realizado por la larga cadena de manos por las que tiene que pasar cada flor que se produce. Mi intención es invitar a los amantes de las flores a reconocer el verdadero precio de las flores. No solo se trata de invitar a comprar un producto negociado justamente, sino de conocer las personas que lo hacen posible. Lo mismo vale para la producción de carne o leche, por ejemplo.

¿Nos puede dar dos ejemplos de ese valor agregado que debe animar al consumidor a pagar un poco más?

En Ecuador, el trabajo en el cultivo de flores, cuando se respetan los estándares laborales y se hace uso responsable de los químicos, es para muchas mujeres cabeza de familia, sobre todo en el campo, una buena y digna alternativa de trabajo por el que son admiradas.

En Colombia, el sello de calidad Flor Verde, comprometido con el mejoramiento de los estándares y la sostenibilidad, creado por la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores, Asocolflores, ha logrado una mejora de la asistencia social de sus trabajadores e implementa estrictas reglas ambientales. En ambos países sudamericanos, empero, la total aceptación del trabajo sindical de sus empleados sigue siendo una dificultad.

Aunque pasa casi inadvertido, Alemania es también un país productor de flores. ¿Cómo es la situación aquí?

Portada del libro “Negocios florecientes. El mercado mundial de las flores.

Portada del libro “Negocios florecientes. El mercado mundial de las flores".

Alemania produce más plantas y menos flores. Lo que depara aquí dolor de cabeza es la contaminación de los suelos. Como el uso de químicos en la producción de plantas decorativas es menos controlado que en el cultivo de frutas y verduras, existe aquí una especie de “zona gris”. Otro de los problemas de la producción de flores y plantas decorativas en Alemania son las condiciones, a menudo precarias, en las que trabajan los ayudantes temporales que, por lo general, vienen de Polonia y Ucrania. Los problemas no se limitan a África y América Latina.

En Alemania existe la figura casi folclórica– del indio o pakistaní vendedor de rosas a los enamorados en los restaurantes. ¿Qué tan cierto es que estos inmigrantes sean víctimas de mafias del trabajo barato?

Lamentablemente no traté el tema en mi investigación, así que no puedo confirmar o desmentir esa suposición. En todo caso el trabajo del vendedor de rosas en restaurantes alemanes tiene que ver con las duras condiciones laborales del sector, también aquí en Alemania. Pero aquí vemos de nuevo que la rosa es muy codiciada porque es el símbolo de los enamorados. Y si un hombre aprecia tanto a su pareja debería estar dispuesto a pagar el valor del trabajo del productor y el servicio del vendedor, porque cada flor tiene su precio.

*Silke Peters es autora del libro "Florecientes negocios. Todo sobre el mercado mundial de las flores", publicado por Editorial Oekom. Peters promovió el “Flower Label Programm“, una asociación que trabaja por la mejora y el respeto de los estándares de la producción de flores en Ecuador y Colombia, entre otros.