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América Latina

Brasil y Alemania, amistad estratégica

El ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, inició en Brasil una gira por América Latina que lo llevará también a Perú y Colombia. Uta Thofern informa desde Brasilia.

La presidenta Rousseff se tomó tiempo para reunirse con Steinmeier.

La presidenta Rousseff se tomó tiempo para reunirse con Steinmeier.

Menos de 24 horas después de cerrar un maratón de negociaciones en Kiev, la capital de Ucrania, el ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, apuraba el paso para entrar al palacio presidencial de Brasilia. Por una puerta secundaria y con 19 minutos de retraso. Pero con la venia de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff. La cita con la mandataria se acordó a última hora y fue algo especial pues, como ministro, Steinmeier no ostenta igual rango que la jefa de Estado. Así que no hubo conferencia de prensa conjunta. Incluso al saludo de bienvenida solo se permitió la asistencia, por escasos minutos, de los fotoperiodistas. Y eso –en el caso de los hombres– solo si llevaban corbata.

Después, sin embargo, la jefa de Estado del quinto mayor país del mundo se tomó tiempo. Unos 80 minutos duró el intercambio, al que también se sumó inesperadamente el canciller brasileño Mauro Vieira. Rousseff cambió de pronto la planificación de los locales y se mudó de la sala protocolar con las banderas brasileña y alemana a un pequeño salón de reuniones. La presidenta se veía cansada. El escándalo de corrupción en torno al gigante petrolero semiestatal Petrobras ha afectado visiblemente tanto su ánimo como su reputación.

Steinmeier ofreció una conferencia de prensa junto al canciller brasileño Mauro Vieira.

Steinmeier ofreció una conferencia de prensa junto al canciller brasileño Mauro Vieira.

A Dilma Rousseff se le ha señalado por su presunto escaso interés en la política exterior. Su ministerio de Exteriores está tan mal equipado que algunas embajadas supuestamente no saben ya cómo pagar sus cuentas. Pero las relaciones germano-brasileñas son de interés de ambas partes. Eso ha quedado claro esta mañana de viernes (13.02.2015). La asociación estratégica con Brasil es la única que Alemania tiene en América Latina. Y ambos países necesitan ahora mismo aliados. Alemania, en su difícil acto de equilibrio como nuevo peso pesado de la política mundial, entre otros en su porfía con Rusia. Brasil, para una revitalización de su estancada economía con su creciente problema de inflación.

Visiones compartidas

Así que no es ninguna casualidad que, tras el encuentro, fuentes de la delegación dieran cuenta del alto interés en la situación de Europa –o sea, de Ucrania– mostrado por Rousseff. Como tampoco es casual el mensaje de Steinmeier, más tarde, en conferencia de prensa con su homólogo brasileño, en torno al tema económico: A los socios no se les abandona en momentos difíciles, dijo. Es cierto que actualmente, al menos mientras Rusia y China sigan buscando ampliar su área de influencia en América Latina, Brasil puede elegir sus socios. Pero lo que el gigante sudamericano necesita en estos tiempos de precios del petróleo cayendo en picada no son solo inversiones, sino sobre todo una inyección de tecnología e innovación.

Además, las experiencias con Venezuela, su cada vez más exigente socio del Mercosur, han disparado evidentemente la cautela de los brasileños. La situación en el país vecino en crisis fue también tema de estas conversaciones. Brasil se ha posicionado en los últimos años como defensor de un enfoque político multilateral y ha hallado así en Alemania un socio en sintonía, entre otros, en la discusión sobre la ampliación del Consejo de Seguridad de la ONU.

En resumen, ambos países comparten suficientes visiones y, con ellas, buenos motivos para cuidar su asociación estratégica. En ese sentido, en los últimos años, el Gobierno alemán ha llevado la delantera: La cifra de visitantes alemanes de alto rango en Brasilia ha sido mayor que la de sus homólogos en Berlín. Y eso no solo como consecuencia del Mundial. También las consultas gubernamentales acordadas el pasado año, a las que ahora se ha fijado fecha para agosto próximo, se celebrarán en Brasilia. El país es un socio tan importante como cortejado en un continente, en el que las relaciones de fuerza se están reordenando, así como en un mundo, en el que viejos antagonismos amenazan con resurgir. “Las crisis internacionales y los retos globales solo podremos enfrentarlos juntos”, declaró el ministro alemán de Exteriores antes de partir hacia Brasil.

Para el propio Steinemeier, esto se tradujo en su más reciente maratón: luego de que su gira latinoamericana tuviese que ser recortada por la crisis en Ucrania, le quedó apenas una mañana para las intensivas conversaciones con la presidenta brasileña, su ministro de Exteriores y el de Planificación, Nelson Barbosa. Este mismo viernes sigue camino a Perú. Luego a Colombia y, entonces, de vuelta a las crisis europeas. Pero, entre amigos, los gestos cuentan. Tanto que nadie se molestó realmente con Steinmeier aquí en Brasilia cuando el ministro recordó, una vez más, la aplastante derrota del once brasileño ante la Mannschaft alemana. Aunque el titular alemán de Exteriores tuvo el cuidado de acotar, eso sí, que se mira en perspectiva histórica, Brasil –en el fútbol– sigue llevando la delantera.

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