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Ecología

Brasil protege, el mundo paga

Frenamos la deforestación de la Amazonia si el mundo lo paga. Esta propuesta de Brasil podría servir de modelo para la protección del clima global. Pero algunos expertos lo ven con escepticismo.

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La deforestación en Brasil continua.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, recauda dinero. Mucho dinero. Hasta finales del 2021 se propone juntar 13,5 millones de euros para su fondo destinado a poner freno a la constante deforestación de la Amazonia brasileña. Se calcula que este año el fondo podría reunir 1.000 millones de dólares. El proyecto tratará de juntar donaciones de entidades privadas en todo el mundo pero se dirige especialmente a los países industrializados del Norte.

Los objetivos suenan razonables. Con el dinero del fondo el Gobierno de Lula quiere reforzar el sistema de vigilancia y control de la tala ilegal en Brasil y otros ecosistemas de países tropicales. También se quieren crear alternativas sostenibles para los ganaderos y agricultores que viven en la región amazónica.

Nuevo intento con una idea antigua

Lula präsentiert Sicherheitsprogramm für Brasilien

El presidenta Lula crea un fondo.

El nuevo fondo presentado por Lula se parece a la oferta del presidente ecuatoriano Rafael Correa del julio pasado. Ecuador ofrece no explotar un importante campo petrolífero en la zona amazónica si la comunidad internacional se declara dispuesta a pagar.

¿Podría encontrarse aquí una estrategia viable para la protección del medio ambiente en el mundo? La idea no es nueva. Como parte del Protocolo de Kioto sobre el cambio climático se elaboró el “Mecanismo de Desarrollo Limpio” (CDM) que consiste en la obtención de Certificados de Reducción de Emisiones (CERs) al invertir en proyectos que supongan una reducción de la contaminación, en países en vía de desarrollo (Proyectos CDM).

Otro ejemplo aún más parecido a la idea de Lula lo encontramos allá en los años 90: en los fondos multilaterales con los que los países industrializados trataban de reducir la emisión global de sustancias químicas, nocivas para la capa de ozono. Los países ricos pagaban y los países en desarrollo financiaban con ese dinero el cambio a tecnologías menos dañinas.

¿Un fondo de la ONU mejor?

Algunos expertos ven el problema en el fondo nacional como el brasileño. Nadie niega la necesidad de que los países del Norte financien a los países en desarrollo sus esfuerzos por la protección del clima, dice Christoph Thies, coordinador de la campaña contra la deforestación en Greenpeace. Según Thies, el fondo es una buena idea si todo se hace de manera transparente. Sin embargo, los proyectos de un solo país no garantizan la transparencia y las condiciones iguales para todos los países que participan en ellos. Un fondo de la ONU tendría más sentido, opina Thies.

Pero precisamente el enfoque multilateral parece crear dificultades en Brasil. Ya en la presentación del fondo, el ministro extraordinario de Asuntos Estratégicos, Roberto Mangabeira Unger, dejó bien claro que el mundo entero está invitado a pagar, pero no a saber o tener control alguno sobre el flujo del dinero. “Estos fondos nacionales también se podrían usar para crear una situación de amenaza”, sostiene la directora del departamento medio ambiente en el Instituto para la Economía Mundial de Kiel, Sonja Petersen: “O pagas, o dejo deforestar la selva”.