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Así es Alemania

Boquitas pintadas

Antaño motivo de escándalo, hoy en boca de todas: el lápiz labial, que muchos llaman simplemente “rouge”, haciendo honor a su origen francés, cumple 125 años convertido en objeto de uso masivo y a la vez de culto.

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El lápiz labial, rey de los cosméticos.

Desde que el mundo es mundo, las mujeres se han esmerado por acentuar sus encantos. Pero sólo desde hace 125 años cuentan para ello con un aliado hoy imprescindible: el lápiz labial. A estas alturas la industria cosmética los ofrece en una apabullante variedad: los hay con brillo deslumbrante, otros a prueba de besos e incluso algunos que prometen labios voluptuosos al alcance de cualquier boca. El principio sigue siendo el mismo: colorear y conquistar.

Larga historia de seducción

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El color de la seducción.

Los sicólogos, sociólogos y demás expertos que se han ocupado de la materia concuerdan en que el rojo es uno de los colores más excitantes y, por lo tanto, ha sido el predilecto para engalanar los labios femeninos, en todos sus matices, a lo largo de la historia. Una historia de seducción que se remonta ya a la época de los sumerios, según vestigios hallados en lo que fuera Ur.

La reina egipcia Nefertiti y Poppea, la esposa del emperador Nerón, coloreaban también sus labios. Por ejemplo, en tiempos de los romanos se utilizaban sedimentos de vino tinto y tinturas naturales para conseguir el efecto deseado. Siglos después, la reina Isabel I de Inglaterra impuso también el rojo en sus labios, efecto que se lograba con un lápiz hecho de polvo de yeso o alabastro, mezclado con pigmentos. En el oriente, en cambio, las mujeres recurrían a otros trucos, como morder limones maduros, para que sus labios se vieran rojos.

El escándalo del “lápiz del amor”

La historia, en fin, está llena de sabrosos detalles sobre los precursores del lápiz labial, que hizo su entrada en escena propiamente tal en la Exposición Mundial de Amsterdam, inaugurada el 1 de mayo de 1883. No fue precisamente una entrada triunfal, ya que el producto, ideados por dos franceses, evocaba más bien una salchicha y recibió ese apodo bastante poco glamoroso.

Marlene Dietrich

Marlene Dietrich: Las grandes divas del cine, y sus labios, dejaron huella.

“El lápiz labial era un símbolo fálico que, para colmo, debía aplicarse en la boca: ¡un escándalo!”, comenta el conocido maquillador alemán René Koch, poseedor de una notable colección de lápices labiales, que incluye uno perteneciente nada menos que a Evita Perón. Ese fue el motivo para que, en sus primeros tiempos, su uso quedó restringido a los círculos bohemios, de bailarinas y prostitutas.

Pero el afán de belleza es más fuerte que cualquier convención social. Sarah Bernhardt fue una de las figuras que contribuyó en forma decisiva a imponer lo que ella llamó “Stylo d'Amour”, el lápiz del amor. En general, la fascinación que desató el cine en los años 20 fue lo que extendió su popularidad a nivel masivo.

El paréntesis de la guerra

De ahí en adelante su avance se volvió irrefrenable. En Alemania, sin embargo, la II Guerra Mundial marcó un paréntesis: las boquitas pintadas no encajaban en la imagen nacionalsocialista de la mujer. La propaganda nazi arremetió contra la cosmética, cuya industria prácticamente se derrumbó en el país. Pero no tardó en recuperarse tras el término de la conflagración, para volver a la senda del éxito.

Frau mit Lippenstift Verabredung Schminke Dating

Tan imprescindible como siempre.

Hoy en día, prácticamente no hay mujer que no haya usado alguna vez un lápiz labial. Y, aunque haya perdido su inicial aura irreverente o escandalosa, a sus 125 años conserva toda la fascinación de los primeros días, incluyendo el poder de provocar y seducir.

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