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Economía

BCE: ¿un “bad bank” europeo?

El Banco Central Europeo ha abierto una nueva etapa en sus esfuerzos por reactivar la coyuntura económica. En las próximas semanas se dispone a iniciar la compra de controvertidos documentos.

En el cuarto trimestre, el Banco Central Europeo (BCE) empezará a comprar bonos de titulización de activos (asset-backed securities o ABS, según sus siglas en inglés), anunció el presidente del organismo, Mario Draghi, en conferencia de prensa.

Estos ABS son paquetes compuestos por numerosos créditos, por ejemplo para la financiación de un auto. Los bancos venden tales paquetes a los inversionistas. De este modo sacan de sus balances dichos créditos y se liberan también del consiguiente riesgo. Así disponen de nuevos fondos con los que –al menos en teoría– pueden conceder nuevos créditos.

Mediante la compra de tales documentos, el BCE espera contribuir a reactivar la concesión de créditos en la eurozona. Draghi no quiso especificar cuánto dinero se destinará a esas compras. Solo nombró un “volumen potencial” de hasta un billón de euros. Bajo determinadas condiciones, el BCE también comprará BAS de Grecia y Chipre, aunque las agencias de rating les otorguen malas calificaciones.

Fuertes críticas

El proceder del BCE es muy controvertido, en parte porque los ABS se contaron entre los detonantes de la crisis financiera en Estados Unidos. Draghi indicó que el Banco Central Europeo ya aceptó documentos de este tipo como garantía en los últimos 10 años, pero eso no acalla las críticas.

Con el programa anunciado, el BCE incorpora por primera vez el riesgo de esos créditos a su propio balance. “El BCE se vuelve así plenamente un ‘bad bank' de Europa”, señaló el economista Hans-Werner Sinn, presidente del instituto IFO de Múnich. A su juicio, lleva a cabo una política de rescate que no está amparada por su mandato. “El gobierno alemán tiene la obligación de actuar contra eso”, afirmó Sinn, añadiendo que, si no lo hace, “cualquier ciudadano podrá demandarlo ante el Tribunal Constitucional”.

Draghi mostró comprensión ante el creciente euroescepticismo en varios países de la eurozona. El desempleo es alto y algunos países se encuentran en una “aparentemente interminable recesión”, indicó. Pero subrayó que los problemas no surgieron debido a la moneda comunitaria y recalcó que “las reformas estructurales deben ser realizadas de cualquier manera, con o sin el euro”.

Medidas sin precedentes ni resultados

El consejo del BCE sesionó esta vez en Nápoles. En las cercanías del lugar de la reunión, el palacio Capodimonte, miles de personas se manifestaron contra la política de ahorro en Europa. Algunos portaban pancartas con leyendas como “libérennos del BCE”. Draghi replica que el Banco Central Europeo ha adoptado medidas sin precedentes para combatir la crisis: los intereses son más bajos que nunca, se han inyectado miles de millones de euros al sistema financiero y ahora se anuncia el programa de adquisición de ABS.

El problema radica, sin embargo, en que todas estas medidas no han surtido hasta ahora mucho efecto. La coyuntura económica de la eurozona no se reactiva y la inflación, de un 0,3 por ciento, está muy por debajo de la meta del 2 por ciento. Si el nuevo programa de compras tampoco da resultado, Draghi se verá en aprietos.