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Política

Barack Obama y Afganistán

Barack Obama quiere promover la reconstrucción y la paz en Afganistán. En la Conferencia de la ONU en la Haya deliberan representantes de unos 90 países sobre nuevas estrategias.

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La conferencia internacional para Afganistán en La Haya (31.03) fue una iniciativa promovida por la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, con el propósito de buscar nuevos caminos para poner fin a los combates en el país asiático y dar un impulso a la reconstrucción civil. La conferencia, a la que ha sido invitado Irán, vecino de Afganistán, es considerada un ejemplo de la nueva política de Barack Obama para la región.

A principios de diciembre 2001 en la residencia de Petersberg, en las afueras de Bonn, las cosas parecían claras y sencillas. Una amplia coalición de afganos, provenientes del país y de la diáspora, acordó que Afganistán, tras la caída de los talibanes, debería transformarse rápidamente en una pacífica y ordenada democracia. Siete años y medio y un presidente estadounidense después sabemos que hubo demasiado optimismo entonces. Aunque realmente asumió el poder un nuevo presidente y se estableció un nuevo gobierno e incluso se aprobó una nueva Constitución, sin embargo Afganistán no alcanzó la paz. Al contrario, desde hace 20 años se vive ahí sólo guerra y un fin a ésta no se ve en el corto plazo.

El presidente estadounidense Barack Obama mencionó las razones más importantes. Tiene que hacerse más para la reconstrucción de Afganistán y los afganos tienen que hacerse a la idea de ayudarse a sí mismos. La ayuda prometida tiene que proporcionarse. Obama propuso la mezcla adecuada: la ayuda civil no es suficiente, tiene que seguir luchándose también contra los enemigos de la normalización en Afganistán.

Puede sonar un poco exagerado que Obama pronostique un fracaso a Al Qaeda y a los Talibán. Al mismo tiempo el presidente estadounidense dejó en claro que también en Afganistán la política de su predecesor pertenece al pasado. Eso lo tienen que registrar sus aliados que están presentes en Afganistán, como la República Federal de Alemania. Con la construcción de aulas escolares se puede normalizar a un país como Afganistán tan poco como con las operaciones militares contra los talibanes y Al Qaeda.

Particularmente dañinos y contraproducentes han resultado ser los operativos militares en los que ha habido daños colaterales civiles. Para los afganos esas medidas convirtieron a los estadounidenses hace mucho en un nuevo régimen de ocupación. La historia de este país en el Hindu Kush muestra que la ocupación siempre ha tenido una postura difícil, no sirve de nada lo poco positivo que tiene. ¿Para qué sirven las aulas escolares si se bombardea a los civiles? ¿Para qué sirve las elecciones si al final las viejas fuerzas siguen en el poder, y parecen competir con las nuevas fuerzas políticas por ver quién es el más corrupto?

Mucho tiempo ha necesitado la Casa Blanca, tal vez demasiado, hasta darse cuenta de que nombrar a un presidente en Kabul no es suficiente. Quien pretenda convertir las arcaicas estructuras sociales afganas en una democracia capaz de sobrevivir no puede confiar en las estructuras económicas corruptas, sino que debe preocuparse de que el nuevo sistema realmente sea ejemplar.

Pero ese no es el caso hasta ahora. Ya es hora de que algo pase, antes de que Afganistán se convierta en el terreno de la muerte para quienes quieren ayudar. Con poder militar por sí sólo no se alcanza la meta y los daños adoptarán dimensiones desmesuradas si los estadounidenses y la OTAN algún día abandonan Afganistán, como lo hicieron los soviéticos, sin terminar lo que empezaron.

Autor: Peter Philipp/ EU

Editor: Pablo Kummetz

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