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Ecología

Balance de Kyoto: una de cal y una de arena

Pese a que las emisiones de CO2 siguieron aumentando sin desparpajo en decenas de países hasta el 2005, la ONU estima que los signatarios del Protocolo de Kyoto cumplirán la meta trazada hasta el 2012.

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Protesta de Greenpeace contra las emisiones de CO2.

Primero, la buena noticia: los países signatarios del Protocolo de Kyoto lograrán la meta que se impusieron de reducir las emisiones de CO2 en un 5%, con respecto a los niveles de 1990, hasta el año 2012. Así lo estima la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (UNFCCC), que dio a conocer la buena nueva en Bonn. Y ahora la mala noticia: en el año 2005, las emisiones de ese gas de efecto invernadero alcanzaron en 40 países industrializados el nivel más alto jamás registrado, dando graves motivos de preocupación a todos aquellos que luchan contra el calentamiento global.

Contradicción aparente

¿Cómo se explica el contrasentido? En primer lugar, las previsiones optimistas de la UNFCCC se refieren sólo a aquellos países que se sumaron a los compromisos de Kyoto, y dan una idea de lo alcanzado en conjunto. Y, en segundo, aún hay tiempo para lograr lo esperado, de manera que las medidas en marcha o por llevarse a la práctica también cuentan para reducir las emisiones en el período que va entre 2008 y 2012, como se acordó.

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Pese a su amor a los autos, Alemania se encamina a cumplir sus metas.

En concreto, los cálculos del organismo de la ONU indican que la meta podría ser incluso superada con creces y llegarse a un “ahorro” del 10,8%, siempre y cuando se apliquen todas las medidas planeadas y éstas surtan el efecto esperado. Ahora bien, dentro del conglomerado de signatarios del Protocolo de Kyoto, la situación no es homogénea. Alemania, por ejemplo, logró el año 2005 una reducción del 18,4% de sus emisiones de CO2 y avanza por buen camino hacia el cumplimiento de sus propios propósitos de alcanzar una disminución superior al 20% hasta el término del período pactado.

“Pecadores” europeos

Distinto es el caso de otros países industrializados, entre los cuales se cuentan también varios europeos. España, por ejemplo, en lugar de reducir sus emisiones de CO2, las ha incrementado en un 54,3% en 15 años, de acuerdo a las cifras entregadas en Bonn. También Portugal, otro país que suscribió el Protocolo dirigido a frenar el calentamiento global, tiene deudas ecológicas pendientes: sus emisiones se incrementaron en un 48%. En Austria, el incremento alcanzó un 18%.

Los citados casos dan que pensar. Máxime, teniendo en cuenta que Estados Unidos, que se ha resistido sistemáticamente a sumarse a la iniciativa de Kyoto, aumentó su descargad de CO2 a la atmósfera en un 16,3%. Según la vicepresidente de la bancada parlamentaria de Los Verdes, Bärbel Höhn, “algunos países de la UE están echando a perder su reputación en materia de política climática”. Específicamente criticó a España y Austria, puntualizando que allí “crece la discrepancia entre las promesas de Kyoto y la sucia realidad del proceder cotidiano”. En su opinión, el fallar en la consecución de los objetivos en defensa del clima no puede ser considerado un delito de caballeros”. Por eso, aboga porque en el documento que siga al protocolo de Kyoto se establezcan sanciones para los quienes no cumplan lo pactado. Eso es algo que, a su juicio, “debería ocupar un lugar muy alto en la agenda de la Conferencia de Bali sobre Cambio climático”.

Todas las miradas se dirigen desde ya hacia ese encuentro de Bali, donde se deberán definir acuerdos para después del 2012. Y, para esa cita, conviene tener presente no sólo los problemas ya expuestos, sino también los aspectos alentadores de lo alcanzado hasta ahora gracias a los acuerdos de Kyoto. Quizá por eso, la mayoría de las agencias de noticias hizo hincapié en la previsión de que las metas allí fijadas serán alcanzadas por los signatarios. Y esa sigue siendo una buena noticia, pese a que las demás estadísticas la vuelvan relativa.

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