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Europa

Bajo estas condiciones la UE podría negociar con Tsipras

Lo que el nuevo jefe de Gobierno griego le exige a los acreedores internacionales es exagerado. Sin embargo, quizá solo Tsipras puede traer el cambio a Grecia, opina Christoph Hasselbach.

Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia.

Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia.

Alexis Tsipras no solo quiere poner fin a la política de ahorro, sino que también quiere volver a aumentar las prestaciones sociales. Sus demandas parecerían sugerir que su país seguirá viviendo para siempre a costa de los demás. Se espera que los contribuyentes de países norteños más estables saquen sus billeteras sin hacer ninguna pregunta. El nuevo primer ministro pronto se dará cuenta de que así no llegará muy lejos en Bruselas y menos con el Fondo Monetario Internacional en Washington. Los representantes del fondo no están de acuerdo con que Grecia obtenga mejores condiciones que todos los demás países del mundo con problemas financieros.

Las demandas de Atenas

Quien haya observado la política de rescate de la Unión Europea (UE) en los últimos años seguramente se acordará del inolvidable comentario de un portavoz de la Comisión Europea cuando un periodista griego le preguntó por qué la UE exigía medidas tan drásticas. El portavoz contestó que cómo era posible que una serie de prestaciones sociales fueran mucho más altas en Grecia que en Portugal, cuya economía es comparable a la helena. Hablando de Portugal: este país afrontó su consolidación fiscal sin lamentarse tanto, y, entre tanto, ha abandonado el plan de rescate europeo, al igual que Irlanda, otro excandidato a la quiebra. Asimismo, en aquel entonces, un miembro del gobierno eslovaco se quejó de que sus compatriotas tenían que contribuir a asegurar el nivel de vida de los griegos, un nivel que Eslovaquia aún no había alcanzado.

Los partidos tradicionales arruinaron el país

Christoph Hasselbach

Christoph Hasselbach

Por ello, Tsipras no puede esperar mucha comprensión de Bruselas. Sin embargo, no sería correcto si la UE decidiera enfrentarse inmediatamente con el nuevo gobierno griego, debido a sus demandas inapropiadas. Puede haber una base común, sobre todo porque Tsipras es un político izquierdista que ha sabido canalizar el odio que despiertan los dos partidos tradicionales. En las últimas cuatro décadas, Pasok y Nea Dimokratia han arruinado el país con su clientelismo político, corrupción y mala gestión. El ascenso de Tsipras representa su descenso. No solo ha ganado las elecciones por su retórica antiahorro, sino también porque quiere enterrar el viejo sistema político.

Falso respeto

Después de años de trabajo, miembros de la troika han constatado que, en Grecia, todavía no existe un sistema eficaz de recaudación de impuestos ni una oficina de catastro, que las autoridades casi no cooperan y que la burocracia estorba a los inversionistas. Sobre todo el tema de la igualdad de impuestos debería venirle a las mil maravillas a un político de izquierda como Tsipras. Después de todo, en ningún momento los griegos más ricos han contribuido lo suficiente a superar la crisis. Ni los cristianodemócratas del Nea Dimokratia, ni los socialistas del Pasok, se enfrentaron a los más adinerados.

¿Quién impedirá que Tsipras deje de tenerles falso respeto? La UE seguramente no. Nadie, más allá de las fronteras griegas, impide que el nuevo jefe de Gobierno combata la corrupción o modernice la administración. En muchos casos, estas medidas no costarían nada. Por lo menos a largo plazo le aportarían dinero al Estado. Solo un político como Tsipras podría traerle al país el cambio profundo que necesita.

Recorte de la deuda

La pregunta es si lo logrará y, sobre todo, si lo quiere hacer. Si Tsipras solo tratará de encontrar en el extranjero un chivo expiatorio para la miseria de los griegos, fracasará rápidamente. El país probablemente necesite una nueva condonación parcial de la deuda. Y seguramente obtendrá mejores condiciones de pago, puesto que los demás países europeos ya se han conformado con ello. Pero para que Grecia no tenga que pedir nueva ayuda cada tanto, necesita reformas estructurales radicales. Si Tsipras reconoce este problema, se podrá negociar con su gobierno. Así, su victoria electoral podría resultar ser una bendición.