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Eurodinámica

Bacterias vs. peste negra

No toda peste negra tiene que terminar en una tragedia ecológica. Científicos alemanes estudian la función de las bacterias devoradoras de petróleo, que se ocupan de restablecer el equilibrio ecológico.

Peste negra en el Golfo de México.

Peste negra en el Golfo de México.

Aproximadamente un tercio del petróleo utilizado en el mundo entero proviene actualmente de depósitos submarinos. En Europa es incluso el 90 por ciento. Pero incluso allí donde no se extrae directamente petróleo desde el fondo del océano, el crudo está cerca del hábitat marino. Los superpetroleros son los medios de transporte más importantes para este combustible, pero también los buques mercantes llevan grandes cantidades del mismo a bordo. Es así que miles de toneladas de petróleo terminan en el mar año tras año. Pero, ¿qué pasa entonces con el “oro negro”?

 

Según explica Gerhard Dahlmann, experto en contaminaciones causadas por el petróleo, una peste negra no causa siempre el mismo daño: “En 1977, cuando ocurrió el accidente del Ekofisk, se derramaron unas 20.000 toneladas de petróleo en el Mar del Norte. Sin embargo las consecuencias fueron prácticamente nulas. El crudo no alcanzó la costa, sino que fue transportado por la corriente al Atlántico, donde se repartió.”

 

Accidente pequeño con grandes consecuencias

 

Un habitante de la bahía de Weitang en China muestra su mano cubierta de petróleo. Una explosión había causado el derrame más grande del país, en julio de 2010.

Un habitante de la bahía de Weitang en China muestra su mano cubierta de petróleo. Una explosión había causado el derrame más grande del país, en julio de 2010.

En cambio, en 2003, cuando un carguero de madera encalló delante de la isla alemana Amrum, en el Mar del Norte, la cantidad de petróleo derramada causó grandes estragos, a pesar de ser relativamente pequeña.

 

“Se vertieron solamente unas 90 toneladas de petróleo, pero en un área muy sensible en la cual se encontraban muchos pájaros. Es así que el accidente causó la muerte de 20.000 pájaros”, relata Dahlmann.

 

La razón por la cual una pequeña contaminación de petróleo puede tener mayores consecuencias ecológicas que una gran catástrofe radica en la cercanía o distancia a la costa, pero también en el tipo de aceite vertido. El gasoil, por ejemplo, se expande rápidamente en el mar y se evapora en su mayoría. El petróleo pesado, en cambio, forma una capa de alquitrán viscosa y pegajosa en la superficie acuática. Las bacterias devoradoras de petróleo, que viven en el mar, podrán eliminarla solamente con gran dificultad y muy lentamente.

 

Sabia naturaleza

 

Además del crudo que ingresa al mar en accidentes marítimos, se derraman grandes cantidades cuando hay averías o fugas en las plataformas petroleras. Pero, al parecer, la naturaleza se las arregla muy bien con el intruso negro. “Existe la posibilidad de que el petróleo forme una emulsión con el agua de mar que lo rodea. Las diferencias de espesor entre la fase aceitosa y el agua disminuyen así y el petróleo no llega a subir hasta la superficie”, explica Lorenz Schwark, de la Universidad de Bremen.

 

Trabajadores de BP tratan de limpiar la costa en el Golfo de México.

Trabajadores de BP tratan de limpiar la costa en el Golfo de México.

Este tipo de emulsión facilita el trabajo de las bacterias devoradoras de petróleo, que nunca viven en el crudo mismo, sino siempre en la zona límite entre agua y petróleo. De modo que, cuanto mayor sea esta zona, más activas serán las bacterias. Al aumentar la oferta alimenticia crece también rápidamente la población de bacterias y vuelve a disminuir abruptamente, en cuanto no haya más alimentos. Estos microorganismos se adaptaron a las condiciones climáticas más diversas. Es así que las comunidades de bacterias en la fría costa de Alaska se distinguen de aquellas de las regiones subtropicales, pero todas oxidan los componentes del petróleo.

El petróleo es transformado químicamente de tal manera que vuelve a ser remineralizado por completo, en CO2 y agua, o queda reducido a moléculas minúsculas, como acetato, propionato o pequeños ácidos grasos. Estos son inocuos y sirven de alimento para algunos organismos. Pero también pueden surgir productos secundarios peligrosos, sobre todo, si las bacterias digieren también azufre y nitrógeno. Las sustancias que surgen allí pueden ser ingeridas por organismos marinos mayores y causar daños, pero, según los expertos, esto sólo se aplica a un grupo muy reducido.

 

Ecosistema restablecido

 

La catástrofe petrolera más grande a nivel mundial fue la contaminación de la costa iraquí, durante la guerra del Golfo, en 1991. Se estima que en aquel entonces ingresó aproximadamente un millón de toneladas de aceite crudo al mar. Esto corresponde al doble de la cantidad que se derramó cuando se hundió la plataforma petrolera “Deepwater Horizon”, el año pasado en el Golfo de México.

 

Pájaro cubierto de aceite luego de que el carguero de madera Pallas encallara en la costa de Amrum, en 1998.

Pájaro cubierto de aceite luego de que el carguero de madera "Pallas" encallara en la costa de Amrum, en 1998.

En la catástrofe de hace veinte años no se utilizaron dispersantes para disolver el crudo, ni tampoco se intentó recolectarlo por medio de buques tanqueros. En aquel entonces se pensó que el Golfo Pérsico estaría ecológicamente muerto por los próximos 200 años. Pero, de hecho, luego de tres años ya casi no se encontraron secuelas.

 

Las bacterias disgregaron prácticamente todo. La capa de alquitrán, que sigue existiendo, se hundió ahora en lo más profundo del sedimento. Dentro de algunos milenios los arqueólogos del futuro podrán probar así que allí hubo una vez una peste negra.

 

Autor: Fabian Schmidt / Valeria Risi

Editora: Emilia Rojas Sasse

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