Arca de Noé para las viejas viñas | Ciudades y Rutas | DW | 26.06.2014
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Ciudades y Rutas

Arca de Noé para las viejas viñas

Riesling, Chardonnay o Pinot Noir... todos conocen este tipo uvas. Pero pocos conocen otros tipos antiguos como Putzschere o Gelbe Orleans. Un viticultor alemán quiere ahora cambiarlo.

“¡Salvemos las uvas!” Jochen Beurer provocó entusiasmo en su pueblo cuando pronunció esta frase en 2009. Como viticultor biológico, empezó a cultivar tipos de uvas según métodos usados en la Edad Media. Muchos lo creían loco pero entretanto, consiguió convencer a sus críticos: su finca museo se ha convertido en un viaje al pasado al aire libre.

Mezcla en vez de pureza

Recuperación de uvas antiguas, un trabajo familiar para Jochen y Siegfried.

Recuperación de uvas antiguas, un trabajo familiar para Jochen y Siegfried.

Cultivando una empinada ladera bajo el castillo de Y, Jochen Beurer consiguió cultivar 17 tipos de uva amenazadas con desaparecer. En vez de Riesling o Chardonnay, sus exóticos nombres pertenecen al pasado. Beurer habla de Putzschere, Heunisch, Colonesa Azul o Gelbe Orleans. “Heunisch es el origen del Riesling actual. Su material genético se encuentra tanto en el Riesling como en el Chardonnay”.

El viticultor es conocido por sus colegas por sus vinos puros del tipo Riesling. Pero en el museo, todo es diferente. “Antiguamente la mezcla de tipos de uva era lo normal en las fincas”, aclara Beurer. Ahora cultiva uvas de todo tipo y en la cosecha, uvas blancas y negras en el mismo cesto para ser posteriormente elaboradas. Para los viticultores medievales era cuestión de asegurar la cosecha, explica el experto: “Cuando llegaban los últimos fríos, algunas plantas se helaban mientras otras continuaban creciendo”. La mezcla asegurada la supervivencia al viticultor en los años mas duros.

Entre habas, tulipanes y cebollas

Biowinzer Rekultivierung Stetten im Remstal

Remstal, un paraiso para las nuevas y viejas especies.

Por si no era suficiente, además de los distintos tipos de uva en el pasado también se cultivaban otros tipos de plantas en la misma finca. Entre las vides crecían habas, cebollas, ajos, tomates o también tulipanes y campanas de Pascua, aclara Ebbe Kögel, investigador que trabaja con el proyecto “Memoria del Pueblo” en un documental sobre el trabajo en el viñedo.

Pero aparte de la combinación de distintos tipos de plantas, la diferencia más visible en la viña-museo es la disposición de las plantas. En lugar de líneas rectas emparradas, sobre el terreno reina la anarquía y las plantas crecen por su cuenta rodeadas de hierbas y plantas. “Claro que se podrían emparrar”, dice Siegfried Beurer, padre de Jochen. Pero querían un viñedo medieval verdadero y para eso, es imprescindible respetar los antiguos métodos.

Ramas atadas con hierbas

Importante es el papel de los tres troncos que protegen cada parra. En vez de los alambres del actual emparrado, las ramas se atan a estos troncos. “Es la forma antigua de Württenberg”, aclara Siegfried Beurer. Los troncos protegen a la parra cuando crece y así esta no se inclina a derecha o izquierda. Es importante ser consecuente con el trabajo, sigue Jochen explicando que las ramas se atan con hierbas, para evitar el uso de materiales artificiales.

La familia cultiva la séptima parte de la viña-museo siguiendo el método tradicional. La desventaja es que hay que atar cada rama por separado y, cuanto más crece la parra, más hay que repetir esa operación. Algo que requiere mucho más trabajo que en las viñas modernas. Sin embargo, eso no es razón para abandonar: “Nunca dejaría de trabajar aquí”, dice Jochen.

Para la cosecha de 2014, el viticultor quiere llegar a producir 300 botellas. No es un gran botín teniendo en cuenta el duro trabajo que requiere, pero para Jochen y su familia es un gran éxito. “Poder hacer vino sin usar la tecnología es lo más fascinante del proyecto”, concluye el viticultor.

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