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La prensa opina

Anacronismo histórico

El G-8 pasó a la historia como resultado de la cumbre financiera internacional realizada en Washington, dice la prensa europea este lunes.

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Foto grupal del encuentro realizado en Washington.

El Westdeutsche Zeitung, de Düsseldorf, comenta las medidas perfiladas luego de la cumbre del G-20: „No puede obviarse el trasfondo de los esfuerzos por lograr una mayor transparencia y mejores controles del sistema financiero internacional: las causas más profundas de la crisis mundial radican en el dañino sobrepeso de una economía de mercado, cuyo origen es anglosajón, respecto a la llamada economía real. Durante años, Estados Unidos y el Reino Unido basaron su bienestar en esta sobredimensión, que además les ayudó a esconder las debilidades de su industria. Por ello es que el propio Barack Obama representará sobre a todo los intereses de Wall Street, si se involucra desde hoy en el proceso de reformas.”

Decepcionante encuentro

El Stuttgarter Zeitung presenta otra perspectiva del mismo asunto: “Si la comparamos con las grandes expectativas que había creado, la cumbre financiera mundial de Washington resultó decepcionante. Los participantes expidieron una declaración extensa, pero ninguna medida concreta. Cuando comience la jornada bursátil del lunes, el mundo no será más seguro de lo que era el viernes. Los participantes en la cumbre del G-20 no consiguieron cambiar la dirección del mundo financiero. Ello puede ocasionar un desencanto generalizado. Pero más pesada aún puede ser la comprobación de que entre los jefes de Estado y de Gobierno persisten diferencias y resistencias en cuanto a cuestiones complejas como la vigilancia de las finanzas internacionales. Ahora es importante definir un plan concreto de acción, y que éste pueda ser implementado.”

Cambiar para preservar

Igualmente crítico es el punto de vista del Neues Deutschland, editado en Berlín: “El resultado es magro: un nombramiento minúsculo para regular los mercados financieros de tal modo que -¡por favor!- no se repita una crisis de impacto mundial como la actual, y que se mantenga la promesa de plantar cara a la recesión a través de programas coyunturales orientados a la refinanciación bajo la responsabilidad de los gobiernos nacionales. El péndulo se inclina nuevamente hacia un capitalismo de corte renano, alejado de la variante anglosajona. Cuán grande será esta distancia es cosa que decidirá, no en última instancia, Barack Obama. Entre tanto, los problemas fundamentales se mantienen incólumes. El G-20 es un club exclusivo en el cual un puñado de mandatarios se encuentra para decidir el destino de miles de millones de seres humamos. Su preocupación consiste en preservar el sistema financiero que, tanto en el norte como en el sur, sirve a las élites. Todo lo demás les es secundario.”

Un nuevo orden

El Luxemburger Wort, de Luxemburgo, es más optimista: „La cumbre financiera de Washington ciertamente no significó el nacimiento de un nuevo Bretton-Woods, pero sí lleva a un orden distinto. La importancia histórica del encuentro no radicó en las decisiones que tomó el G-20, sino en quién participó. Con más de 20 grandes asistentes, la población mundial no solamente estuvo representada, sino que conformó una mayoría. Así, para las potencias del G-8 queda documentado el virtual fin de una era. ¿Qué relevancia tuvo la cumbre, más allá de esto? El anfitrión George W. Bush es un presidente saliente, y su sucesor se mantuvo conscientemente alejado del encuentro para no ser utilizado como chivo expiatorio. Pero aún cuando la cumbre de Washington signifique la primera etapa de un largo camino, era un paso necesario.”

Anacronismo histórico

Coincide en parte el diario Der Standard, de Viena: “El G-20 reemplaza al G-8 como foro decisivo de la política económica mundial. Ha pasado a la historia el anacronismo que implicaba el que dos mil millones de seres humanos no fueran considerados como interlocutores válidos.”

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