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América Latina

Alemania y Colonia Dignidad: “Una desclasificación parcial”

El Gobierno alemán informó que liberará documentos relativos al enclave germano en Chile del período 1986-1996. Aunque interesante, expertos lo consideran poco relevante.

En el sentido discurso que leyó el ministro de Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, el pasado 26 de abril en Berlín, el político socialdemócrata hizo más que reconocer las falencias en el trabajo de la diplomacia germana a la hora de enfrentarse a la cruda realidad que se imponía en la Colonia Dignidad, ese enclave germano ubicado en la zona centro-sur de Chile. Lo que buscó fue, más bien, expresar el arrepentimiento oficial por un período oscuro de la historia reciente de su país.

“El Ministerio y la embajada perdieron el rumbo”, dijo Steinmeier, que recordó cómo un reporte oficial de 1977 de la legación diplomática en Santiago describía la situación en Colonia Dignidad como “ordenada y limpia”. No era cierto. En ese lugar, con la anuencia de los jerarcas alemanes y la condescendencia diplomática, se violaron sistemáticamente los derechos humanos, se abusó de niños, desaparecieron personas y se torturó a opositores.

Steinmeier reconoció que en esos años, el respeto a los derechos humanos en otros continentes no estaba en el centro de los intereses de Alemania. “No, el manejo del tema Colonia Dignidad no figura entre los capítulos más gloriosos del Ministerio”, reconoció. “Hay casos en los que no basta actuar con apego a la ley, en los que la responsabilidad que nos cabe nos exige hacer más”, sostuvo el político, que dio a conocer la liberación de los archivos sobre el tema pertenecientes al período 1986-1996. Ahora están disponibles para investigadores y serán usados en la formación de los futuros diplomáticos alemanes.

Los archivos chilenos

“Como Museo nos interesa acceder a este material”, dice a DW desde Santiago la directora interina del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, María Luisa Ortiz. “Ha sido un trabajo constante de este museo reunir en él las fuentes que permitan a los ciudadanos de nuestro país, especialmente a los jóvenes, conocer e investigar sobre la dictadura. No sólo información sobre los hechos ocurridos, también los mecanismos sobre cómo operó y se sustentó el sistema, las víctimas y sus relatos”, explica Ortiz.

La funcionaria cuenta que en el museo tienen información sobre Colonia Dignidad, pero “no es mucha, porque es un tema que recién se está develando. Tenemos algunos archivos donados por particulares, bibliografía y copias de las fichas de Colonia Dignidad”. Claudio Salinas, periodista y académico de la Universidad de Chile, dice a DW que en Chile existen más documentos sobre el tema, “como los que dio cuenta el juez Jorge Zepeda (quien entregó 39.000 fichas de violaciones a los derechos humanos en la Colonia al Instituto de Derechos Humanos) o los de Londres 38 (centro de tortura de la dictadura), pero no son los más conflictivos”.

El académico Claudio Salinas.

El académico Claudio Salinas.

Salinas, coautor del libro “Los amigos del ‘Dr.' Schäfer”, pondera que la desclasificación alemana es importante, pero no es para hacerse muchas ilusiones. “Los archivos se refieren a información posterior a la disolución de la Dina (policía política de la dictadura), y en muchos casos son del período democrático. Esto me hace pensar que lo que se va a encontrar en ellos no sería muy relevante para dar cuenta de la magnitud y tragedia de lo que ha significado Colonia Dignidad a través de las décadas”.

¿Se hará justicia?

Para decirlo más claro, Salinas detalla: “El período que se comunicará corresponde casi al fin de la dictadura chilena, cuando sigue operando la organización criminal Colonia Dignidad, pero ya no con su mayor intensidad delictual. Por tanto, no sé cuánto aportarían estos archivos. Distinto sería conocer los archivos anteriores. Lo relevante acá es el reconocimiento explícito del gobierno alemán de que en Colonia Dignidad se cometieron sistemáticas tropelías. Sin embargo, la desclasificación es muy parcial”.

Ortiz dice que, dado que el Museo de la Memoria preserva el patrimonio relativo a las violaciones a los derechos humanos cometidas entre 1973 y 1990 en Chile, “la posibilidad de contar con este material significaría un aporte a la investigación y ayudaría a complementar la historia de nuestro pasado reciente desconocido hasta el momento”. Desconocido y sin juzgar, además. “Los procesos están abiertos y la justicia sigue pendiente”, lamenta Ortiz.

Salinas coincide: “Por de pronto, todavía ni Alemania, ni menos Chile, han hecho justicia con las víctimas, ni menos se conocen todos ‘los amigos' de Schäfer, ni todas sus relaciones, ni las redes de protección, que se extienden a la democracia chilena. El académico añade que, a su juicio, “el rol de Alemania y específicamente el de su embajada fue de una pasividad excesiva. Las causas contra el líder de la Colonia, Paul Schäfer, vienen desde la década de los 50 en Alemania por abuso de menores”.


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