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Los campeones mundiales

Alemania sigue siendo una incógnita

Las metas se cumplieron: victoria sobre EE.UU., invicto en la primera fase, líder del grupo, clasificación a octavos. El balance es positivo pese a que Alemania sigue sin definir su identidad.

Contra Estados Unidos Alemania lució mucho mejor que contra Ghana, pero todavía bastante lejos del equipo que impresionó en su debut del Mundial goleando a Portugal. Es difícil hacer un retrato de un equipo que como el alemán todavía no ha mostrado su verdadero rostro, que se adivina en algún punto intermedio entre la brillantez del primer partido, el desorden del segundo, y el minimalismo del tercero.

Un entrenamiento hecho partido

Contra Estados Unidos fue evidente que Alemania se plantó en la cancha más a controlar el partido que a jugarlo. Las reacciones de Joachim Löw en el banquillo dejaron la sensación de que una cosa propuso él en la charla técnica, y otra muy distinta aplicaron sus jugadores en el campo.

Löw se pasó el partido gesticulando.

Löw se pasó el partido gesticulando.

El seleccionador alemán repetidamente fue captado haciendo gestos de disgusto y frustración mientras su equipo jugaba un partido que se convirtió en una lujosa sesión de entrenamiento. Los alemanes declinaron imprimirle cualquier tipo de ritmo y velocidad a su enfrentamiento contra Estados Unidos. Y el rival le ayudó a sentirse confortable con esa situación, pues con excepción de un par de fugaces pasajes agresivos, no generó peligro, y tampoco se vio como si estuviera en condiciones de producirlo en algún momento.

Y si bien nadie puede hablar de un posible “pacto de no agresión” entre Estados Unidos y Alemania, pues en el partido del Mundial de Brasil no hubo nada que pudiera equipararse a “la vergüenza de Gijón” del Mundial de 1982, se notó que para ambos equipos pesó el hecho de saber que entre menos se agredieran, más posibilidades tendrían de pasar a los octavos de final.

Las dos selecciones jugaron por debajo del nivel de sus mejores momentos en Brasil. Estados Unidos sucumbiendo ante el ordenado control defensivo alemán. Alemania porque a la hora de atacar encontró los espacios, pero le faltó la decisión de utilizarlos.

La incógnita sigue viva

Los alemanes se encontraron con el gol de la victoria al combinarse dos factores: su clara superioridad y el instinto de un jugador como Thomas Müller, que cuando encuentra la oportunidad de anotar, la aprovecha, incluso casi contra la explicita voluntad de su equipo.

Müller consiguió su noveno gol en su noveno partido en un Mundial. En su caso particular la afición sabe muy bien dónde se encuentra el jugador: por encima de Diego Maradona, quien logró ocho goles en las Copas del Mundo, y en Brasil 2014 en el mismo escalón que las superestrellas internacionales Neymar (Brasil) y Lionel Messi (Argentina), quienes como el alemán suman cuatro dianas en la clasificación de artilleros.

De Alemania todavía no se puede decir lo mismo. El equipo sigue siendo una gran incógnita y aún no se sabe ni a qué juega, ni cómo lo juega. Las únicas certezas hasta ahora son la efectividad de Müller y la declaración de fidelidad del seleccionador Joachim Löw a su idea de jugar con cuatro centrales en la línea de defensa, y con el capitán Philipp Lahm como mediocampista defensivo.

Podolski no era la solución que Löw buscaba.

Podolski no era la solución que Löw buscaba.

Contra Estados Unidos Lahm tuvo a su lado a otro compañero. En vez del más ofensivo socio Sami Khedira, el capitán alemán tuvo en esta oportunidad en Bastian Schweinsteiger a un colega con el que pudo alternar las labores de defensa, lo cual alivia sus tareas. Eso, de todas formas, solo se pudo estudiar en la teoría, en la práctica el rival no exigió suficientemente a la pareja como para decir que es la que mejor compagina.

En el ataque Joachim Löw buscó con Lukas Podolski mayor profundidad por la banda izquierda, donde forma Benedikt Höwedes, el defensa con menos recorrido. El espíritu de la propuesta, sin embargo, nunca se hizo realidad, pues la presencia de Podolski pasó desapercibida, al igual que la de su sustituto para la segunda parte, Miroslav Klose, quien como es característico en él trabajó mucho, pero en esta oportunidad sin que su voluntad influyera en el partido.

Y ahora para esta Alemania sin rostro empieza el Mundial del todo o nada. A partir de octavos de final el equipo que pierde se va a casa, por eso cada selección exhibe en estas instancias toda su personalidad. Hay que esperar cuál es la que el entrenador Joachim Löw le da a los alemanes.