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Los campeones mundiales

Alemania: selección con licencia para perder

Desde su triunfo en el Mundial Brasil 2014 Alemania ha perdido prácticamente contra todos los rivales de peso que ha enfrentado. Los resultados que preocupan a la afición son sin embargo parte de un lógico proceso.

La única victoria significativa del campeón del mundo desde su victoria en Brasil fue contra España en el último partido del 2014. Un deslucido 1-0 en Vigo con gol de Toni Kroos. Desde entonces las derrotas contra rivales de jerarquía han terminado para Alemania en decepción.

Derrotas contra Argentina (2-4), contra Estados Unidos (1-2), contra Francia (0-2), contra Polonia (0-2), e incluso contra Irlanda (0-1) e Inglaterra (2-3), han dejado un sinsabor en la afición, que empieza a ver con escepticismo la posibilidad de una victoria alemana en la Eurocopa de Francia 2016. Aún así, no hay que olvidar que el proceso es coherente.

La selección de Alemania que estará en la competición internacional del próximo verano es apenas un puente entre aquel grupo que coronó su ciclo con la Copa del Mundo en Brasil, y el que debe intentar defender el título en Rusia 2018. El torneo de Francia llega demasiado tarde para varios jugadores históricos, y demasiado temprano para otros que son considerados el futuro del equipo y están llamados a cargar la responsabilidad de las grandes aspiraciones futbolísticas del país.

Lo máximo con lo mínimo

La noticia más positiva del proceso de renovación en la selección alemana es que los objetivos se alcanzan sin mayores traumatismos. La clasificación a la Eurocopa se consiguió al terminar primera en el Grupo D por encima de Polonia, que en el balance global sumó menos derrotas y anotó muchos más goles.

Alemania no brilló en las eliminatorias a Francia 2016, pero cumplió. Además, el entrenador Joachim Löw fue integrando de a poco a jugadores de los que se esperan sean clave en las próximas competiciones internacionales. Entre ellos se cuentan el atacante Karim Bellarabi, el lateral Jonas Hector, el arquero Marc-André Ter-Stegen, el volante Marco Reus, quien se perdió el Mundial por culpa de una lesión, el medio de contención Emre Can, al delantero Kevin Volland, y el goleador hispano-alemán Mario Gómez, a quien recuperó del olvido.

En el equipo nacional se han mantenido activos un par de futbolistas que representan el proceso que tomó vuelo con el Mundial del 2006 en casa, y que acabó con la conquista del máximo trofeo del balompié de naciones ocho años más tarde. El capitán Bastian Schweinsteiger, actualmente lesionado, y el delantero Lukas Podolski, siguen en la plantilla de la selección, pero su valor es más emocional que deportivo. Ambos están allí para aportar su experiencia como base de una nueva construcción que ya no habitarán.

Generación puente

Aún más importante es el papel que juegan en la selección alemana jugadores con probada veteranía y un trayecto de por lo menos dos torneos por recorrer. El nuevo capitán de Alemania Sami Khedira encabeza este grupo del cual hacen parte el arquero Manuel Neuer, el atacante Thomas Müller, los creativos Toni Kroos y Mesut Özil, así como los defensores centrales Mats Hummels y Jerome Boateng.

Mientras el seleccionador Joachim Löw encuentra el mejor balance entre los tres grupos de integrantes de la selección que tiene a su disposición, y entretanto llega el 12 de junio, la fecha del primer partido en la Eurocopa Francia 2016 contra Ucrania, Alemania tiene que restarle importancia a los resultados.

Italia, Eslovaquia y Hungría son solamente rivales de peso para probar alternativas. El campeón del mundo no tiene otras oportunidades y el cuerpo técnico de la selección ha tomado ya una decisión. Entre lucir bien y defender el honor del título obtenido en Brasil o usar cada partido para ensayar variantes tácticas relegando el marcador a un segundo plano, Alemania ha optado por la última opción. Por eso se ha dado licencia para perder, y aprender.

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