Alemania: ¿revive el cabaret político? | Cultura | DW | 01.02.2012
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Cultura

Alemania: ¿revive el cabaret político?

Proveniente de Estados Unidos, la comedia llegó a Europa donde se funde con una vieja tradición alemana, el Cabaret, que hace reír con sátira política y experimenta un renacimiento entre artistas y un público joven.

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El cabaret político, vieja tradición.

“En realidad me río muy poco”, reconoce Wolfgang Masin, que vive de hacer reír a la gente. Trabaja como cómico sobre el escenario desde hace tres años, donde se llama “El Mago Masin”, pues se escucha mejor que Wolfgang.

El hombre pronuncia una gutural “r” al hablar, es originario de Núremberg, en Baviera, y llegó a Hamburgo para tomar parte en la competencia “Comedy Pokal 2012”. Por lo pronto logró llegar a la final.

Cuando se abre la oscura cortina, en el escenario aparece el artista de 31 años con una guitarra en la mano; en realidad quería ser cantautor. Eso se había propuesto tras concluir su formación como técnico dental y después de estudiar música, carrera que no terminó.

“De pronto me percaté de que siempre escribía canciones con una chispa de humor que hacían reír mucho a la gente”, recuerda Masin. La mayoría de sus composiciones se inspiraban en anécdotas de la vida real.

Flash-Galerie Schatten Schattentheater

El teatro de sombras también tiene tradición.

El humor en los teatros

Se trata de un sentido del humor de muchas facetas que actualmente recorre los teatros alemanes, como el hamburgués Schmidt's Tivoli, que aborda temas con los que la gente se siente identificada. “Así me siento yo también, dice la gente- y es cuando el público se abre por completo y se entrega al artista”, afirma Peter Rautenberg, organizador del concurso de comediantes de Hamburgo, que reúne a los cómicos más exitosos de Alemania.

Al público lo que le que gusta es sentirse identificado, pero en el humor los límites varían. A una dama de edad le parecen vulgares las bromas pesadas que apuntan por debajo del cinturón, mientras que a un hombre joven, precisamente esas bromas son las que más le gustan.

Es una cuestión de gustos, eso lo saben los miembros del jurado, como Markus Pingel, quien afirma que por eso el humor no se puede evaluar. Pero es lo que tiene que hacer el periodista de la televisión NRD, del norte de Alemania, cuando tiene que invitar a algún cómico a los programas de su emisora.

La relación con el público

Wulf Mey maneja desde hace diez años una agencia de cómicos. Para él, la relación del artista con el público es lo más importante. Un texto por sí solo puede escucharse bien en una habitación vacía, pero es ante el público donde se prueba si funciona.

Sobre el escenario surgen las situaciones más incómodas, cuando nadie ríe. “Eso pasa muy a menudo”, afirma la cabaretista Mia Pittroff, a la que le gusta contar cómo instaló ella misma su piso de linóleo. “A veces se ríen y a veces no, así que yo intento salir bien del paso”.

Pittroff aparece enfundada en un vestido de tubo mientras explica que viene de una ciudad que saltó a la fama por la facilidad con que se falsifican diplomas de estudios superiores. Se refiere al escándalo que desató la noticia sobre el plagio del trabajo doctoral del entonces ministro de Defensa alemán, Karl-Theodor zu Guttenberg. "Pero más allá de eso, políticamente no hay mucho de que reírse", dice.

GOGOL Premiere

La sátira política, abordada por el Teatro Gogol, en su debut en Viena.

Cabaret político

El cabaret político tiende a desaparecer en Alemania, por lo menos eso parece a simple vista. “Los hay quienes trabajan de manera concentrada y son muy exitosos, pero son cada vez menos”, afirma Rautenberg. Sin embargo, para el organizador del festival la vida cotidiana sigue inspirando a muchos cómicos, y en ese sentido el contenido sigue siendo político.

El periodista Markus Pingel es de otra opinión. “Yo creo que precisamente entre los jóvenes el cabaret político vive un renacimiento”, afirma. Pingel recuerda cómo en la última edición de la bolsa cultural de Friburgo, en donde actúan comediantes y cabaretistas, presenció la actuación de muchos cabaretistas de entre 20 y 25 años que presentaron muy buenos programas políticos.

Los límites entre el cabaret y la comedia se borran, a final de cuentas ambos géneros teatrales buscan una sola cosa: hacer reír al público.

Autora: Janine Albrecht/ Eva Usi

Editora: Emilia Rojas

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