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Europa

Alemania “importa” montañas de basura italiana

La crónica crisis de las basuras en Italia le ha representado grandes contratos a las procesadoras de basura alemanas que por estos días reciben más 160.000 toneladas de desechos de la ciudad natal de la pizza.

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Basuras en las calles de San Giorgio a Cremano, cerca de Nápoles, Italia.

En abril volverán a llegar cientos de vagones de trenes cargados de toda suerte de basuras procedentes de la región metropolitana de Nápoles, en el suroeste italiano. Esta vez su destino principal será Bremerhaven, en donde se incinerará buena parte de las 160 mil toneladas que las autoridades italianas han encargado a diferentes plantas de procesamiento y reciclaje germanas de siete Estados federados.

La exportación obligada de basura le sale cara a los contribuyentes italianos que, realmente, ya habían pagado por el servicio pero que no es prestado porque el monopolio está en manos de las mafias italianas. El transporte en tren de cada tonelada de basura desde Italia hasta Alemania cuesta unos 200 euros. Pero la emergencia sanitaria ha llegado a niveles tan insoportables que el Estado italiano ha tomado la iniciativa, ya que el municipio de Nápoles se está asfixiando en basura.

Renania del Norte Westfalia tratará 69. 500 toneladas de residuos caseros italianos en las plantas de Bonn (sede de Deutsche Welle), Düsseldorf, Herten, Kamp-Lintfort, Colonia, Leverkusen, Weisweiler y Wuppertal, según informaciones del ministro renano para el Medio Ambiente y la Protección de la Salud, Eckhard Uhlenberg, del partido democristiano.

Nápoles: una belleza enlodada

Basura, pobreza, anarquía y sicariato mafioso mantienen en continuo jaque a una de las ciudades italianas más emblemáticas que, por lo demás, es también la patria chica de la universal pizza. La influencia de la “Camorra” en Nápoles y sus poblaciones aledañas es tan grande que muchos ciudadanos ya no ven al Estado como la próxima instancia natural, sino a los capos de la Camorra.

Nápoles también es Italia; lo que significa vivir constantemente entre dos polos: suntuosidad y simpleza, riqueza y miseria, estilización y kitsch, modernidad y retraso. Para conocer esa Italia basta con viajar en el súper puntual y elegantísimo tren Eurostar a 300 kilómetros por hora entre Roma y Nápoles, salir a la Piazza Garibaldi para encontrarse con batallones de indigentes drogadictos o vendedores de mercancía falsificada y tener que saltar sobre montones de basura para llegar a un hotel.

Otro mundo, la misma “Bella Italia”


A cualquier desprevenido visitante europeo o

Deutschland Italien Müll aus Neapel in Bremerhaven verbrannt

Planta de tratamiento de residuos de Bremerhaven (BEG).

de cualquier país del continente americano puede pasarle que se encuentre entre montañas de residuos de restaurantes y casas enfrente de las más bellas fachadas de museos, palacios e iglesias o de sofisticadas tiendas y no pueda creer que Nápoles sea una ciudad italiana, una ciudad europea del llamado “primer mundo”.

Aparte de la basura, el crimen organizado y el asesinato en la vía pública son los dos otros lunares omnipresentes en la cotidianidad napolitana. En 2007 hubo más de 70 asesinatos por encargo de la mafia en las calles de Nápoles, sin importar que, a menudo, también los turistas son víctimas inocentes del ajuste de cuentas entre las diferentes corrientes de la Camorra.


La ausencia del Estado está presente casi en todas las cosas, como lo confirma el sociólogo Giacomo Di Gennaro, de la Universidad napolitana Federico II. “Entretanto hasta los dueños de cualquier casa son extorsionados por la vigilancia de sus propios patios y son obligados por fuerzas oscuras a contratar este u otro servicio”, dice Di Gennaro. La desaparición de las grandes industrias y la pérdida de la cultura del trabajo que degeneraron en desempleo crónico y trabajillos ilegales y ocasionales, son para Di Gennaro las causas de la actual miseria cuya administración ha asumido la mafia. Para este profesor de sociología el actual caos de Nápoles es el “vergonzoso” resultado de 15 años de predominio de políticos de izquierda que no optaron por trabajar para la mayoría de ciudadanos de bien sino para unos cuantos mafiosos.



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