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Ecología

Alemania debate sobre los objetivos climáticos de la UE

En vísperas de la Cumbre de la Unión Europea sobre política medioambiental, que se celebrará el 11 y 12 de diciembre en Bruselas, se agudiza en Alemania la discusión en torno a los planes para frenar el cambio climático.

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El cambio climático sólo se frena con medidas pero, ¿serán posibles en época de crisis?

Partidarios y oponentes a las restricciones a favor de una mayor protección del medio ambiente se enfrentan en el escenario público alemán. Ambos grupos tratan de influir sobre la postura que Alemania adopte la semana que viene en la cumbre climática de Bruselas.

Las dudas sobre la conveniencia o no de mantener los ambiciosos objetivos climáticos de la UE en estos tiempos de crisis financiera no sólo afectan a Alemania: Italia ya ha anunciado que el país no está en condiciones económicas de reducir sus emisiones de CO2; Polonia lidera el grupo de los Estados de la antigua Europa comunista que aseguran no poder prescindir del carbón, y con la piedra negra contaminando el aire la ecología les sale demasiado cara.

Y, sin embargo, que el debate se abra sobre suelo germano catapulta la cuestión a una nueva dimensión. Alemania rompe el consenso medioambiental creado por ella misma. Porque fue la canciller, Angela Merkel, quien apremió a sus colegas europeos para que se comprometieran con un cielo más limpio, y las bases de la batalla comunitaria contra el cambio climático se sentaron cuando Alemania ejercía la presidencia rotativa de la Unión. Pero eso fue en el primer semestre de 2007, y entonces se desconocía la palabra crisis.

La industria sobre el medio ambiente

El Frankfurter Allgemeine Zeitung, uno de los periódicos alemanes de referencia, ha puesto su edición del sábado a disposición de la discusión. Por un lado se manifiestan los partidarios duros de la industria, por el otro los que predican una reforma de la economía alemana acorde con la protección del medio ambiente. En el centro del debate se sitúa la controvertida compra-venta de "títulos de emisión”, es decir, de unos “valores” que permiten a las empresas generar cantidades determinadas de contaminación.

Los gobernantes de los Estados federados de Renania del Norte-Westfalia y del Sarre, dos importantes regiones industriales del país, se pronuncian a favor de relajar el perfil ecológico de Alemania. “No queremos que el Gobierno renuncie a los objetivos climáticos, pero sí que amplíe los plazos para cumplirlos", dijo primer ministro del Sarre, Peter Müller, al semanario Focus.

Müller justifica su postura con un argumento nada nuevo, pero que conserva la facultad de provocar impacto: el peligro de que se pierdan puestos de trabajo. Además, el primer ministro considera que los “títulos de emisión” colocarían a la industria alemana en una posición de desventaja: "el costo para nuestra economía podría ser de unos 50.000 millones de euros más que el que sufriría Francia".

Jürgen Rüttgers, el homólogo de Müller en Renania del Norte-Westfalia, advirtió sobre el peligro que implica el aumento de los precios energéticos, que a su vez "agudizaría la recesión".

La ecología y la economía son compatibles

Pero ni el Consejo Asesor en Cuestiones de Medioambiente del Ejecutivo alemán ni la Oficina de Medioambiente germana se dejan amedrentar por las negras predicciones de los políticos regionales. Al contrario: ambos organismos disparan con las mismas balas y llaman la atención sobre los riesgos económicos que podría conllevar el usar a la crisis financiera como excusa para descuidar el paquete climático de la UE.

Según el Consejo de expertos, formado por siete miembros que asesoran al Gobierno alemán, exigencias como las de Müller y Rüttgers suponen un retorno a la idea errónea de que la protección del medio ambiente daña la economía. Las "desproporcionadas consideraciones basadas en los intereses industriales de particulares" no deben convertirse en un lastre para negociaciones climáticas, sostienen los consejeros.

En la misma línea que los expertos se manifestó Jürgen Trittin, vicepresidente del grupo parlamentario del partido Los Verdes: "Una insuficiente protección climática daña la competitividad y eso sí que cuesta empleos".

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