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Economía alemana

Alemania controlará que la inversión extranjera no la controle

Puede que alguna empresa extranjera se vea obligada en el futuro a devolver lo que compró en Alemania: Berlín modifica la legislación y en lo sucesivo podrá vetar la excesiva influencia foránea en sus compañías clave.

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Michael Glos, ministro alemán de Economía.

No quiere ponerle obstáculos a las inversiones extranjeras, asegura el ministro de Economía alemán, Michael Glos, pero sí evitar que el control sobre empresas elementales para “el orden público o la seguridad de la República Federal Alemana” resida fuera de la Unión Europea, Islandia, Liechtenstein, Suiza o Noruega.

Esta vieja demanda de algunos sectores económicos alemanes ha recibido ahora el visto bueno del Consejo de Ministros y va camino de modificar la Ley de Comercio Exterior. Sin embargo, la medida llega tras la crisis financiera en Estados Unidos y después de que entrase en Alemania capital fresco de fuera del país para salvar a más de una compañía nacional en apuros. De ahí que encuentre hoy menos partidarios de los que tenía hace sólo unos años.

Para casos en particular

“He peleado porque la regulación sea lo más liberal posible”, asegura Glos, “nuestra economía está muy orientada a las exportaciones y se beneficia de la apertura de los mercados. Por eso, los inversores extranjeros son bienvenidos en Alemania”, declaraba el ministro.

La bienvenida se da a las empresas foráneas en general, salvo en algunos casos en particular. Si un consorcio no europeo quisiera hacerse con más del 25% de una firma germana que abastezca a algún sector sensible, como por ejemplo los relacionados con la defensa del país, el ámbito energético o la prestación de servicios públicos esenciales, el Estado alemán dispondrá, incluso una vez efectuada la compra, de hasta tres meses para evaluar sus posibles consecuencias.

Posteriormente y en un plazo de otros dos meses, Berlín podrá aprobar la trasferencia, imponerle condiciones o transmitir a los compradores que su presencia no es del agrado estatal y con ello hacerles devolver lo adquirido.

Las críticas no faltan

Pese a que Glos ha repetido una y otra vez que “Alemania está y permanece abierta a las inversiones extranjeras”, las críticas al nuevo mecanismo de control han sido pronunciadas igualmente. “No debemos subestimar la influencia que este debate tiene en el exterior”, dijo Manfred Weber, jefe de la Asociación Federal de Bancos Alemanes, al diario Süddeutsche Zeitung.

Y el debate que se expande para sembrar el miedo entre quienes quizás tengan intenciones de invertir en Alemania gana en dimensión ante lo poco concreta que está definida la tarea del nuevo sistema. “La 'seguridad nacional' es una descripción muy vaga”, opinó Christoph Wolf, experto en comercio exterior, en el rotativo Financial Times Deutschland, “eso sólo sirve para crear aún más inseguridad entre los inversores”.

Para colocar capital en empresas relacionadas con la industria armamentística y militar se requiere de por sí en Alemania un visto bueno adicional. En el caso de las restantes compañías, su importancia a la hora de “asegurar el abastecimiento caso de emergencia”, como cita el Financial Times del texto legislativo, podría estar sometida a muchas interpretaciones.

Y cabe no olvidar, como añade Wolf, que “aunque la discusión empezó por la preocupación que siembran las inversiones de ciertos Estados, la reforma afecta a todos los inversores”.

Ciertos Estados y sus fondos

Ciertos Estados son, por ejemplo, China, Rusia o algunos países árabes que en los últimos años han almacenado importantes sumas de dinero en los llamados “fondos estatales”.

Esos fondos están listos para ser invertidos en el extranjero, obteniendo de este modo la rentabilidad que de ellos se espera. Según un estudio de la consultora Ernst & Young, 45 de estas cajas de capital público contendrían más de 3.900.000 millones de dólares, cantidad con la que se pueden comprar muchas empresas y de cada una de ellas más del 25%.

Alemania, y eso es lo que algunos analistas creen leer tras la nueva legislación de Glos, quiere evitar que con ese dinero se aten ramas importantes de la economía germana a intereses de fuera, y que ciertas compañías puedan acabar esclavizando políticamente al país.

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