Albañiles: capacitación a la alemana | Estudiar en Alemania | DW | 13.08.2014
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Estudiar en Alemania

Albañiles: capacitación a la alemana

El oficio se ha tornado profesión. Hoy es un área altamente especializada y diversificada, al mismo tiempo. Y en tiempos de escasez de personal cualificado, las perspectivas de empleo son buenas.

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Marlon Blandow, aprendiz de albañil.

La jornada comienza temprano. Pero eso no le molesta al aprendiz de albañil Marlon Blandow. A las 6.30 se encuentra con sus compañeros y ponen rumbo a la obra. Están levantando un almacén. La tarea de Marlon para hoy: hacer cestas. Arricona la paleta, toma alicates y alambre y ata con éste las barras de hierro de lo que ellos llaman cesta. Más tarde, esta cesta se introducirá en una columna, que se rellenará con hormigón. "Sólo el hierro hace que la columna sea estable", dice Marlon.

Marlon Blandow bindet einen sogenannten Korb

Marlon Blandow construye una cesta para una columna.

Este joven, de 25 años, aprende desde hace dos el oficio de albañilería. “Vengo de una familia de albañiles. Mi abuelo era albañil y mi tío también. Y yo tenía muy claro que también quería dedicarme a construir”, cuenta. Sólo tuvo que escribir una solicitud para lograr su puesto de aprendizaje en una empresa de construcción, en la que va a aprender todo lo que necesita saber un albañil. La gama de tareas para los alumnos es muy amplia.

Algo más que colocar ladrillos

“Muchos creen que construir una pared es fácil. Yo también lo pensaba. Pero en mis primeros intentos, las paredes quedaban torcidas”, recuerda. Ahora ya conoce los trucos del oficio y sabe cómo cementar un techo o cómo hacer un revestimiento. Conoce los diferentes materiales y ha aprendido cómo tiene que mezclar el hormigón. “Para dominar esto, los aprendices deben conocer los fundamentos teóricos del oficio”, explica el jefe de Marlon, Lutz Hollman. Por eso, casi todo el primer año lo pasan en la escuela de Formación Profesional. En el segundo y tercer año, ya se meten de lleno en la empresa. Para el responsable de la obra, lo más importante es cómo son sus aprendices (no tanto sus notas), porque debe poder confiar en ellos y saber que encajan en el equipo de trabajo.

Werkzeugeimer auf der Baustelle, auf der Marlon Blandow arbeitet

Herramientas de trabajo en la obra en la que está Marlon.

Marlon rara vez encuentra mujeres en la obra. Según la Oficina Federal de Estadística, de los 4.000 aprendices de albañil en 2012, sólo dos docenas eran mujeres. Sin embargo, no es raro encontrar obras en las que se hablen varios idiomas. El 5% de los aspirantes a la formación de albañilería son extranjeros. Además, desde hace unos años, en el sector se ha incrementado el intercambio con el exterior. Por ejemplo, a través del programa Eramus+, que organiza y financia el intercambio de aprendices en todos los campos.

Un trampolín hacia otras profesiones

Lutz Hollmann und Marlon Blandow

Lutz Hollmann y Marlon Blandow.

A Marlon le divierte su trabajo. Sin embargo, en diez años, ya no se ve como un mero obrero. Se imagina haciendo una maestría o estudiando Ingeniería o Arquitectura. A Hollmann, sin embargo, le gustaría mantener a Marlon como albañil cuando finalice su formación. “Encontrar un buen profesional es difícil”, afirma el empresario. “Las perspectivas de empleo son muy buenas, a la vista de la escasez de trabajadores cualificados”, añade.

A la empresa le cuesta dinero el aprendiz. Marlon recibe 800 euros en su segundo año. Un albañil en la Baja Sajonia, según convenio, cobra la hora a 17 euros, lo que suponen unos 3.000 euros mensuales brutos, explica Hollman. Marlon no se ha arrepentido de su elección. “Sigo siendo fiel a la construcción, porque me parece muy interesante”, explica, mientras toma su paleta con una sonrisa. “Todavía hay que construir una pared”, comenta.

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