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Ciencia y Ecología

Aire contaminado: medidas para el ciudadano

Las ciudades están contaminadas y no se van a descontaminar en el corto plazo. El problema es que los peatones reciben el mayor daño. Aquí analizamos el problema y buscamos vías de protección.

Cuando el ciudadano sale a la calle, fuera de la seguridad del hogar, tiene que enfrentarse a innumerables peligros. El daño puede venir de cualquier parte: de los vehículos en el tráfico, de las cornisas y ventanas (véase macetas), de la misma calle y sus peatones, e incluso del despiste de uno mismo. Sin embargo, el mayor peligro que acecha a todo viandante no es aquel que se ve, sino el que se respira.

Las dimensiones de la amenaza

El aire contaminado produce más de 430.000 muertes prematuras en Europa al año y mata a millones de personas en todo el mundo durante el mismo período. Este mal de la sociedad, causado por la emisión constante de gases nocivos, se produce mayormente en los motores por culpa de una mala combustión. El principal agente dañino: las partículas en suspensión, entre las que se encuentra el dióxido de nitrógeno.

¿Qué puede hacer un peatón para protegerse?

"No hay nada que una persona pueda hacer para escapar de la contaminación en las ciudades. El problema hay que combatirlo desde su origen" advierten desde la Federación Alemana de Usuarios de Bicicleta, ADFC. Esta es la realidad, no hay protección alguna contra la contaminación en el aire.

¿Ni siquiera las mascarillas? "No hay evidencia de que estas funcionen. Los problemas respiratorios pueden desarrollarse pasado un tiempo y nunca sabrías de dónde provienen. El asma por ejemplo, podría ser del polen. Por lo que si no sabes de dónde viene el problema, no hay manera de prevenirlo", comentan a DW desde el hospital universitario de Bonn, en Alemania.

Pero las cifras son claras y afectan al mundo entero. La Organización Mundial de la Salud sostiene que la mayoría de los habitantes de las ciudades están expuestos constantemente a niveles peligrosos de estos contaminantes. Están ahí, son tóxicos y los respiramos todos los días. ¿Un ciudadano no puede hacer nada para contrarrestar la contaminación? Bueno. Entonces reformulemos la pregunta.

¿Qué puede hacer un peatón para reducir la intoxicación?

Los principales emisores son los coches, por lo que como primera medida hay que evitar el tráfico y las horas punta. Bien se use la bicicleta o se vaya a pie, las calles menos frecuentadas por los vehículos son la mejor opción. Si hay un parque o una zona arbolada que se pueda incluir en el trayecto, debe utilizarse.

Para los deportistas, el problema es mayor debido a la inhalación profunda por el esfuerzo. El deporte es mejor realizarlo en centros recreativos o en la naturaleza.

La segunda medida es, de nuevo usando la lógica, programar las salidas. Los coches contaminan y ¿dónde están los coches? En la ciudad. Allí se concentran las emisiones. Por lo que siempre que salgamos de la metrópolis será beneficioso para nuestra salud. Y si hay que pasar por la ciudad, mejor reducir los viajes innecesarios. Que sea todo en uno.

En tercer lugar, a pesar de que su eficiencia no está probada, llevar una protección a modo de filtro puede hacer la vida en la calle menos incómoda. Una pañoleta o una bufanda son mejor que nada. En casos extremos, ciudades con mucho smog, lo preferible es directamente no salir a la calle y en caso de hacerlo usar los transportes públicos. ¿Respiradores? Podrían ser una opción, pero las partículas más peligrosas siguen ahí a menos que se demuestre lo contrario.

Y para terminar, como última medida y posiblemente la más importante, usar el transporte público. Es la manera más directa para mejorar el problema de polución urbana. Además, aquellos como los trenes y tranvías, que usan energía eléctrica, usan normalmente vías alternativas al tráfico e incluso se mueven en distintas alturas.

Toda prevención es poca ante un enemigo invisible. Las repercusiones se ven a la larga y por eso se tiene poca conciencia, pero aquí reciben todos sus efectos, conductores incluidos, aunque sea en distinta medida.

Nos estamos envenenando a nosotros mismos. En nuestra mano está la solución.


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