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Sociedad

Airbnb: vacaciones en el corazón de Berlín

Las vacaciones en un hotel ya son cosa del pasado. Ahora, la nueva tendencia son los departamentos de alquiler, y es enorme el auge de portales como Airbnb, también en Berlín.

Todo debe ser perfecto: Jeanette Böhm, de 33 años, echa una última mirada a su departamento de vacaciones “Fitchperle”, en el famoso barrio de Kreuzberg, en Berlín. Controla todos los detalles, hasta el más mínimo, como, por ejemplo, si la manta está adecuadamente doblada sobre el sofá, o si las cortinas están debidamente cerradas. Jeannette espera a tres huéspedes de Suiza.

“Para mí es muy importante que los huéspedes se sientan bien y encuentren aquí todo lo que buscan. Quiero evitar que el departamento de la impresión impersonal de un hotel”, explica. Luego de probar alquilar su departamento a través de otras plataformas como Mowitania y Housetrip, Jeannette descubrió Airbnb.

Jeannette Böhm, en su departamento de vacaciones.

Jeannette Böhm, en su departamento de vacaciones.

Comienzos como emprendimiento joven

Airbnb comenzó a operar en 2008 como una típica empresa juvenil: diseñadores de San Francisco ofrecieron colchones inflables en sus viviendas a huéspedes de eventos que no encontraban alojamiento en la ciudad. De ahí su nombre, Airbnb: “AirBed & Breakfast”.

De esa ocurrencia genial surgió una idea de negocio: crear una comunidad online en la que se pudieran anunciar habitaciones privadas y departamentos de vacaciones, desde una casa en el árbol hasta una mansión. Según datos de Airbnb, en 2014 se alquilaron solo en Alemania cerca de 38.000 alojamientos, 14.000 de ellos en Berlín. Y son cada vez más. Pero de los inicios sobre un colchón inflable ya queda poco. Ahora, además de dueños de viviendas, también empresas pueden ofrecer sus departamentos, lo cual convierte a Airbnb en un rival importante para el sector hotelero.

El factor personal

En Berlín, los departamentos de vacaciones se multiplican.

En Berlín, los departamentos de vacaciones se multiplican.

Jeannette tiene buenas experiencias en Airbnb: “Recibí muy buenas evaluaciones de los huéspedes, de modo que cada vez eran más los que me llamaban”, relata. Entretanto, su departamento está alquilado durante todo el año. “Alquilarlo es una tarea que hago con pasión”, asegura. Actualmente, Jeannette vive de los ingresos que le proporciona el alquiler de su departamento, de los cuales Airbnb cobra un 19 por ciento en carácter de intermediario.

El caso de Viktoria Kevin es distinto. Alquila a huéspedes de Airbnb dos habitaciones en el departamento en el que vive, también en el barrio de Kreuzberg. Una pared separa las habitaciones de sus cuartos privados, pero la cocina y el comedor son comunitarios. Para Viktoria, de 45 años, eso no representa un problema. Al contrario, le encanta conocer gente y hablarles de Berlín. Sus huéspedes llegan de países asiáticos o de Sudamérica. “Casi todos hablan inglés”, dice.

Airbnb & Co: Problemas en Berlín

Viktoria dice no haber tenido hasta ahora malas experiencias con huéspedes en su casa. “Por lo general, no alquilo a grandes grupos, porque puede suceder que los vecinos se quejen”, cuenta. Justamente en el barrio de Kreuzberg, hay a menudo quejas vecinales por el ruido que hacen los turistas, especialmente de noche. Pero no solo el ruido es un problema. Dado que los departamentos de vacaciones rinden ingresos mayores que los de un alquiler normal, la oferta aumenta, con la consecuencia de que cada vez hay menos departamentos de alquiler para los habitantes de Berlín.

La diseñadora gráfica Alice Bodnar diseñó un mapa con la plataforma Immoscout que muestra que por cada 100 anuncios de departamentos Airbnb, solo hay un anuncio de alquiler por contrato tradicional. “La tendencia puede modificarse, pero definitivamente hay una caída en las ofertas de alquiler”, subraya. Bodnar no considera que alquilar habitaciones a turistas sea un problema, pero “el uso comercial debe estar restringido”.

De hecho, la ciudad de Berlín acaba de aprobar una ley que limita la cantidad de departamentos de vacaciones. Las ofertas actuales pueden mantenerse hasta dentro de dos años, cuando las autoridades de la capital alemana vuelvan a verificarlas. Quien no se atenga a las reglas se arriesga a multas importantes.