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Política

Afganistán: prueba de fuego para la OTAN

La solidaridad de la Alianza Atlántica se pone a prueba a la hora de discutir sobre el aporte de los diversos miembros a la lucha en Afganistán. Washington y Londres quieren más apoyo.

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Fuerzas especiales del ejército alemán: por ahora, lejos del sur de Afganistán.

Las cartas están sobre la mesa. Las destapó con toda claridad la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, en Londres. La población de los países de la OTAN debe entender que la intervención en Afganistán “ya no es una misión de paz”, sino que se trata de una batalla contra extremistas talibanes, afirmó la jefa de la diplomacia de Washington para dar más peso a su demanda, compartida desde luego por sus anfitriones británicos: que el lastre de esa lucha sea compartido de forma más equitativa.

Alemania bajo presión

No era necesario mencionar explícitamente a Alemania para que el mensaje llegara sin ambigüedades a Berlín. La presión sobre el gobierno de Angela Merkel ha ido acrecentándose en forma permanente. Y lo más probable es que no se atenúe con el consentimiento del ministro de Defensa alemán, Franz Josef Jung, a enviar un comando de intervención rápida, de unos 200 efectivos, para reemplazar a 250 soldados noruegos en el norte de Afganistán en el verano nórdico.

Franz-Josef Jung in Afghanistan

El ministro alemán de Defensa, Franz Josef Jung, durante una visita a Afganistán.

Si bien para Alemania el paso es significativo, porque supone el envío del primer cuerpo de combate a la región, para los aliados tiene gusto a poco. Sus aspiraciones apuntan, como lo formuló expresamente en una reciente carta el ministro de Defensa estadounidense, Robert Gates, a que Berlín también mande tropas al sur del territorio afgano, considerado más peligroso que el norte. Por ahora Jung sigue resistiéndose. Una vez más rechazó el pedido, afirmando que “cometeríamos un error decisivo si descuidáramos el norte”, y de paso comentó que las operaciones en la región norteña se vuelven también cada vez más peligrosas.

Soldados y misiones

En la práctica, sin embargo, son los soldados estadounidenses y los británicos los que más se ven enfrentados con la violencia talibán. Además, Washington y Londres llevan la mayor parte del peso en términos de tropas. 29.000 son los efectivos estadounidenses actualmente en territorio afgano y ya se ha anunciado que el contingente será reforzado. Por su parte, la presencia británica, con 7.800 soldados, duplica ampliamente la de Alemania, que cuenta con autorización parlamentaria para enviar un máximo de 3.500 uniformados.

El problema, sin embargo, no es sólo numérico. Lo más grave del asunto es que, tras 6 años de intervención, la situación en Afganistán sigue siendo crítica. Y la receta de la OTAN para hacer frente al dilema no incluye, por lo visto, nuevas estrategias. La consigna sigue siendo pedir más tropas y una repartición más pareja del lastre. Para Alemania, en consecuencia, el terreno se complica. Por una parte, un 85% de la población está en contra de que se amplíe el mandato para enviar soldados germanos a combatir al sur, según una encuesta del instituto Forsa hecha por encargo de un canal de televisión. Y, por otra, cada vez se hace más difícil mantener el carácter defensivo de la misión alemana. Porque, como lo dijo la propia Condoleezza Rice en Londres, ésta no es una misión para tropas de paz.

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