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Así es Alemania

¡Adiós a la bombilla incandescente de 60 watts!

Los políticos europeos decretaron la muerte paulatina de las bombillas incandescentes. Pero los alemanes se resisten a tirar sus focos de toda la vida. Dudan, por el bolsillo y por el medio ambiente.

Bombilla, bombillo, ampolleta, foco, bombita (mates o transparentes)...

Bombilla, bombillo, ampolleta, foco, bombita (mates o transparentes)...

Uno las puede encontrar, hasta hoy, en casi cualquier hogar. Pero no será por mucho tiempo, a no ser que alguien haya acaparado reservas. A partir de este 1º de septiembre de 2011 los mercados de la Unión Europea (UE) no podrán surtirse con nuevas bombillas incandescentes de 60 watts. Cuando se hayan agotado los restos disponibles en sus almacenes, no habrá repuestos.

La tradicional bombilla, ha sido paulatinamente desplazada del mercado y, en consecuencia, de los hogares y oficinas de los 27 miembros del bloque, de acuerdo con un decreto de la Comisión Europea aprobado en 2009. Primero tocó despedirse de las de 100 watts, luego de las de 75. Y las últimas, de 40  y 25 watts, tampoco sobrevivirán al 2012. En total, se estima que unos 4.000 millones de bombillas saldrán de circulación. 

 

Las “ampolletas” convencionales se asocian con calidez, ...los europeos les dicen adiós, con nostalgia por su calidez y su encendido rápido.

...los europeos les dicen adiós, con nostalgia por su calidez y su encendido rápido.

 

Con ello, se fuerza a los consumidores a adquirir fuentes más modernas de luz de bajo consumo. Hay varias alternativas, argumenta desde Bruselas la Comisión: tubos fluorescentes, bombillas halógenas compactas, diodos emisores de luz (LED). Los tubos fluorescentes tienen la ventaja de ofrecer una luz “equiparable” con las fuentes convencionales y los LEDs –los más eficientes de todos– son además los más ecológicos. El precio más elevado de éstos se compensa, aseguran, con una vida útil considerablemente más larga. Las bombillas halógenas, no obstante,  resultaron grandes consumidores energéticos en un estudio recientemente publicado por la organización alemana de protección al consumidor Stiftung Warentest.

 

“Nos quitan calidez, rapidez, tradición…”

 

Sin embargo, los alemanes tienen “una relación muy íntima” con la bombilla incandescente, con la calidez de su luz, con su encendido rápido, asegura a la emisora Deutschlandradio Kultur Stefan Grünwald, director del Instituto Rheingold de Investigación de Medios y Mercados, en Colonia.

 

Ello explica que algunos germanos hayan llegado a considerar la prohibición como “una interferencia en su esfera privada”, “una disposición totalmente absurda, que se les impone burocráticamente, sin tomar en cuenta sus costumbres, eso que aprecian aunque se haya vuelto costoso”, explicó Grünwald a la radio pública alemana.

 

Las “ampolletas” convencionales se asocian con calidez, encendido rápido. Sus sucesoras, las ahorradoras, al parecer no son tan ecológicas.

Las “ampolletas” convencionales se asocian con calidez, encendido rápido. Sus sucesoras, las ahorradoras, al parecer no son tan "ecológicas".

 

La noticia alcanzó titulares en varios diarios, incluido el de mayor tirada, el tabloide de masas Bild. “De cómo Ángela Merkel se cargó la bombilla”, tituló este día el Westdeutsche Allgemeine Zeitung (WAZ). “Un ejemplo clásico del sinsentido con marca Bruselas”, y con impulso de la canciller alemana, asegura el rotativo. Ángela Merkel habría lanzado la primera piedra, arremete el periodista, al poner la bombilla como ejemplo durante una cumbre de la UE de 2007, que aprobó un plan de acción para la protección del clima.

 

¿Ni bueno para el medio ambiente, ni para el bolsillo?

 

¿Qué se puede esperar de fuentes de luz que, si bien son más eficientes, se convierten luego en desechos peligrosos?, pregunta la prensa.

¿Qué se puede esperar de fuentes de luz que, si bien son más eficientes, se convierten luego en desechos peligrosos?, pregunta la prensa.

Los críticos lanzan advertencias contra estas modernas lámparas ahorradoras. Al romperse desprenden mercurio, fue uno de los argumentos contra la prohibición discutidos en 2009 en Bruselas. "Sabemos que la protección del medio ambiente tiene un precio", comenta ahora el WAZ, pero "¿qué se puede esperar de fuentes de luz que, si bien son más eficientes, se convierten luego en desechos peligrosos?"

 

Según la Comisión, expertos han estudiado posibles efectos negativos de la irradiación de estas bombillas alternativas sin hallar “ningún indicio de problemas para la salud si se mantiene una distancia de al menos 30 centímetros". Y tampoco el mercurio contenido en las bombillas halógenas representa un peligro real, afirmó hace un año el portavoz Ferran Tarradellas.

 

Por lo pronto, y en medio de estas dudas, la entrada en vigor de la prohibición de comerciar las viejas bombillas de 60 watts les llega a los consumidores de la mano de una subida de hasta el 25 por ciento de los precios de los focos ahorradores, como si no hubiesen sido ya suficientemente costosos. Las lámparas LED podrían costar ahora hasta 45 euros.

 

Productores como la firma alemana Osram o la holandesa Phillips niegan la relación de este encarecimiento con la medida de Bruselas. La culpa la tiene, dicen, el drástico ascenso de los precios de tierras raras como el lantano, el europio y el terbio, generalmente provenientes de China y contenidos en estas modernas lámparas de la discordia.

 

"Irritado" se mostró un vocero de la Central de Protección al Consumidor del estado federado alemán de Renania del Norte Westfalia. El contenido de metales raros en las bombillas ahorradoras, aseguró el experto en energía, apenas llega al máximo de un gramo por el interior de cada lámpara.

 

Autora: Rosa Muñoz Lima (afp, dpa)

Editor: Claudia Herrera Pahl

 

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