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Política

Adhesión de Turquía a la UE: Eurocámara pone el freno

La relación entre Turquía y la UE no está deteriorada solo desde el fallido golpe de Estado. Desde hace diez años, las negociaciones están estancadas y ¿condenadas al fracaso? Bernd Riegert informa desde Bruselas.

El proyecto de adhesión de Turquía a la UE se ha convertido entretanto en un drama. Pasaron  46 años desde la solicitud, planteada en 1959, hasta el comienzo de las verdaderas negociaciones de adhesión. En 2005 Turquía, que antes había sufrido varias dictaduras, había desarrollado una democracia y un Estado de Derecho que hizo posible emprender negociaciones. Los estados miembros dudaron entonces de un país de orientación musulmana, demasiado grande, demasiado pobre y demasiado desconocido. Ahora, tras 11 años, la UE cree que Turquía ha retrocedido. La democracia se resquebraja en manos de su presidente, Recep Tayyip Erdogan, que actúa cada vez más como un autócrata.

Erdogan consiguió el cambio

En 2003, el islamista moderado se convirtió en jefe de Gobierno. Reformó su país con mucha rapidez y gran vigor. Su objetivo declarado fue hacer que Turquía, un país con una economía en alza, fuese apto para formar parte de la UE. Quería que fuese el Estado más importante de la UE, porque en 2020 sería probablemente el país con más habitantes de la organización. En aquel entonces, el canciller alemán, Gerhard Schroeder, y el primer ministro británico, Tony Blair, fueron los que impulsaron las negociaciones. Por su parte, Erdogan impuso un diálogo conciliador con la minoría kurda en Turquía. También EE. UU. apoyó al miembro de la OTAN en su deseo de adhesión a la UE.

Atatürk y sus deseos

Mustafa Kemal Atatürk.

Mustafa Kemal Atatürk.

El camino de Turquía hacia Europa comenzó muchos antes de 2005. El padre de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Atatürk, estaba ya en 1923 entusiasmado con la "civilización europea”. Intentó separar Estado y religión, e introducir los valores europeos como modelo. Acercar Turquía a Europa es el legado de Atatürk. Todos sus sucesores han perseguido esa meta con más o menos afán.

Desde 1952, Turquía pertenece a la OTAN. EE. UU. necesitaba a este país, geopolíticamente relevante. En 1964, la Comunidad Económica Europea y Turquía firmaron un Acuerdo de Asociación que se reformó en varias ocasiones hasta convertirse en una unión aduanera para casi todos los bienes en 1996. Económicamente, la UE y Turquía estaban entrelazados cuando comenzaron las negociaciones de adhesión en 2005.

Una corta luna de miel

Sin embargo, en 2006 las negociaciones no fluían, porque Turquía no permitía, como tampoco lo hace ahora, dejar anclar y aterrizar a los barcos y aviones chipriotas en su territorio. Por no hablar del rechazo a reconocer el Estado de Chipre, la parte perteneciente a la UE. Hasta que no se haya aclarado el tema de Chipre, no se podrá concretar nada en las negociaciones. Además hay viento en contra de Alemania, Francia y Holanda. Los gobiernos conservadores apuestan por una "colaboración privilegiada”, pero sin derechos totales de participación. En Turquía, el interés también se ha paralizado.

Erdogan anunció que habrá un referendo en su país para decidir sobre la adhesión a la UE. "La UE intenta obligarnos a apearnos del proceso", se quejaba recientemente en el periódico Hürriyet. La paciencia de Turquía no es interminable, dijo. "Si no nos quieren, tendrían que decirlo abiertamente y tomar las decisiones pertinentes", añadió.

La Unión Europea necesita a Turquía sobre todo para disuadir a los refugiados y migrantes de seguir camino a Europa. De momento, el acuerdo con Turquía, que se firmó en marzo, funciona.

Imagen de archivo: Angela Merkel y Recep Tayyip Erdogan en Turquía.

Imagen de archivo: Angela Merkel y Recep Tayyip Erdogan en Turquía.

La UE rechaza, para enfado de Turquía, la prometida exención de visado. Turquía, por su parte, no quiere implantar cambios en su ley antiterrorista, exigidos por la UE. El presidente Erdogan está más ocupado pensando en la reimplantación de la pena de muerte. Esta supondría desde luego el fin de las negociaciones, que ya ha pedido el Parlamento Europeo.

 

Autor: Bernd Rieger

 

 

 

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