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El Mundo

Activistas contra la planta nuclear china en Inglaterra

Como parte de un reciente acuerdo, la primera planta nuclear china en Europa se construirá a 90 kilómetros de Londres. A los habitantes de la zona les preocupa la seguridad nacional y el medioambiente.

Cientos de personas se reunieron el pasado domingo en el estuario del Blackwater, en Inglaterra, para protestar contra los planes de China de erigir una nueva planta nuclear en el lugar donde otra central está siendo desmantelada. Los activistas creen que se ofrece a Pekín la oportunidad de diseñar, construir y gestionar su propio proyecto nuclear en Bradwell, en la costa este, con el fin de animar a China a invertir en otras centrales nucleares del país, incluyendo la de Hinckley Point, en Somerset.

El 21 de octubre, durante su visita a Londres, el presidente chino, Xi Jinping, firmó acuerdos que autorizan a su país a instalar su más reciente joya tecnológica, el reactor Hualong One. Con este paso, la segunda economía del mundo se convertiría en una de las principales potencias nucleares. Los habitantes de la zona creen que los líderes británicos dejan de lado consideraciones ambientales, nacionales y de seguridad del Reino Unido para que el país sea visto como el más abierto socio comercial de China.

Incentivo para la inversión

“Los chinos quieren un lugar en el que poder desarrollarse a su manera”, dice Sophie Weaver, una residente local que recabó apoyos para la protesta a través de las redes sociales. Weaver cree que George Osborne, ministro británico de Finanzas, sacrifica Bradwell-on-Sea y el estuario cercano con el fin de animar a China a invertir en otros lugares.

Großbritannien Blackwater Mündung beim Atommeiler Bradwell-on-Sea

Los activistas creen que el estuario del Blackwater no es el lugar más adecuado para una nueva planta nuclear.

La localidad de Bradwell es conocida por su industria pesquera y de ostras. A pocos kilómetros se encuentran tres reservas naturales y el parque eólico marino más grande de Europa. El proceso para desmantelar su quincuagenario reactor nuclear comenzó hace más de una década. En 2009, sus actuales dueños tuvieron que pagar una multa millonaria después de encontrar una fuga radiactiva que había permanecido oculta más de 14 años. Bradwell aún arroja material radiactivo a las aguas del estuario, que no pasan las pruebas de contaminación de la Unión Europea.

Lo más importante es la seguridad

Los expertos del Gobierno dicen que los materiales que se desechan son parte del proceso de desmantelamiento y que son perfectamente seguros. Además, los ministros han insistido en el hecho de que la actividad nuclear china en Reino Unido tendrá que ajustarse a las estrictas leyes de seguridad del país.

Pero Andrew Blowers, que lidera el grupo Blackwell contra el Nuevo Grupo Nuclear (BANNG por sus siglas en inglés), cree que hay un importante problema de seguridad que está siendo ignorado. “El emplazamiento se encuentra en una línea de costa que se está hundiendo y donde el mar está ganando altura”, explica Blowers a Deutsche Welle. “Estamos hablando de materiales muy peligrosos en un sitio muy vulnerable, susceptible de inundaciones”, añade. BANNG ha logrado 10.000 firmas de la región para pedir que Bradwell no se incluya en la lista de nuevos potenciales sitios nucleres.

“No es el lugar adecuado”

Blowers cree que la forma natural del estuario del Blackwater no resulta acorde con las demandas del plan de una nueva central nuclear, que requeriría “colosales cantidades de agua” para refrescar el reactor y las barras de combustible. “El estuario del Blackwater es poco profundo y el movimiento de sus aguas, lento. Tardan unos 10 días en renovarse”, dice Blowers, convencido de que el lugar es del todo inadecuado para una planta nuclear tres veces mayor que la que ya existía.

Los grupos locales no descartan emprender acciones legales para evitar nuevas fuentes de contaminación y tienen la esperanza de que, mediante tácticas dilatorias, los chinos acaben repensándose si quieren instalar en Bradwell el primer reactor nuclear chino de Europa. Pero reina el escepticismo. ¿Podrán los activistas de unas cuantas aldeas del este del Reino Unido frenar las ambiciones nucleares de la superpotencia?

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