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Política

Abjazia y Osetia del Sur: desafío para el Derecho Internacional

Dos décadas tras la Guerra Fría, Moscú y la OTAN se encuentran en punto que se creía superado. Todo apunta a que Rusia reconocerá la independencia de Abjazia y Osetia del Sur, un nuevo desafío para la diplomacia mundial.

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El presidente ruso, Dmitry Medvedev, recibe en el Mar Negro a su homólogo, el autócrata sirio Bashar Assad.

A juicio de Estados Unidos, Rusia no está respetando los compromisos asumidos en el plan de seis puntos sobre el retiro de sus tropas de Georgia. "(Los rusos) no se han retirado completamente de los territorios que no están en litigio. Es eso lo que deben hacer", es la exigencia de Washington y París, transmitida a través del portavoz de la Casa Blanca, Gordon Johndroe. Los presidentes de Francia y Estados Unidos, Nicolás Sarkozy y George Bush, coincidieron en que Moscú debe llevar a la práctica inmediatamente los compromisos.

Rusia, por su parte, anunció este 22 de agosto que había completado la retirada de Georgia de sus “fuerzas de paz”. El Ministerio de Defensa ruso comunicó que los soldados apostados en los puntos de control de las fuerzas de paz, que seguirán dentro de Georgia después de la retirada, han comenzado a realizar sus tareas.

Rusia desplegó tropas en Georgia después de que Tiflis intentara, entre el 7 y el 8 de agosto, retomar por la fuerza la provincia de Osetia del Sur, que es respaldada por Moscú. Osetia del Sur se separó, de facto, de Georgia en los 90 y muchos de sus habitantes tienepasaportes rusos.

Consecuencias de aventura militar ahora más claras

Las consecuencias geopolíticas de la guerra de Georgia se dejan ver cada vez con mayor claridad. Por tiempo indeterminado, Rusia mantendrá puestos de control en pleno territorio de un país que, con apoyo de Estados Unidos, aspiraba a entrar en la OTAN. Después de casi dos décadas en los que Moscú vio actuar a Occidente, el Kremlin acudió a la violencia para imponer sus intereses.

Pero la “defensa de los ciudadanos rusos en Osetia del Sur”, podría tener un alto precio. No sólo los socios occidentales de Moscú, como Alemania o Italia, se distanciaron debido a la ofensiva en Georgia: también reaccionaron con cautela los aliados de ex repúblicas soviéticas como Kazajstán, Tayikistán o Armenia.

La idea rusa de una tropa de asalto conjunta para conflictos regionales en ámbito postsoviético es por lo pronto un tema acabado, dice el diario "Nesavissimaya Gaseta". Sólo los autócratas y dictadores se han puesto del lado ruso. Entre ellos se cuenta a Chávez y Castro. El presidente sirio, Bashar al Assad, y el autoritario presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, elogiaron también al jefe del Kremlin, Dmitri Medvedev, por su actuación en el sur del Cáucaso. Así que el club de apoyo internacional a la incursión moscovita no tiene las mejores recomendaciones.

Voto de confianza de Occidente en Medvedev parece agotado

Los últimos acontecimientos confirman las perspectivas más pesimistas de expertos que venían advirtiendo que el Kremlin pondría a prueba a la OTAN y la Unión Europea.

Con el apoyo de Estados Unidos, sobre todo los países del Este venían haciendo sonar las alarmas ante una posible actuación militar rusa en un país vecino. Así, el acuerdo entre Washington y Varsovia para el despliegue del sistema de defensa antimisiles estadounidense en territorio polaco se concretó con sorprendente rapidez en vista de la guerra en Georgia.

Rusia tiene una respuesta preparada en caso de que, tras el cambio presidencial en la Casa Blanca, Washington cumpla su plan de estacionar misiles en Rusia. Bielorrusia ya ha ofrecido en varias ocasiones su territorio para acoger misiles rusos de corto alcance junto a la nueva frontera oriental de la OTAN.

Dos décadas después del fin de la Guerra Fría, Moscú y la Alianza Atlántica vuelven a encontrarse en un punto que se creía superado. Por otro lado, el conflicto en el sur del Cáucaso volvió a representar una nueva y dura derrota del derecho internacional, según el cual tanto Abjazia como Osetia del Sur son parte integrante de Georgia.

A avanzada de Moscú, concesiones de Occidente

El ataque de Tbilisi a Osetia del Sur, desencadenante del conflicto, modificó sensiblemente esa situación, e incluso un gobierno occidental como el alemán, en persona de la conservadora Angela Merkel, concedió a Moscú el establecimiento de puestos de control sobre territorio georgiano ante la frontera surosetia, aunque estén limitados a medio millar de soldados para mantener la paz y tenga una restricción temporal.

El sur del Cáucaso tiene una larga experiencia en soluciones provisorias. Hace 16 años, la guerra de separación en Georgia ya acabó con un frágil acuerdo de alto el fuego, pero el pacto aceptado por todas las partes para una paz duradera ha venido resistiéndose desde entonces debido, en parte, al rechazo de los separatistas ante cualquier intromisión extranjera.

Finalmente, en Moscú se acumulan los indicios que apuntan a que Rusia no tardará en reconocer la independencia de Abjazia y Osetia del Sur, un nuevo desafío para el Derecho Internacional.

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