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Futbol Internacional

 ¡Ódiame más! FC Bayern, el América de Alemania

El Bayern y el Dortmund luchan cada año por ser el equipo más popular. Es una lucha aun más cerrada que la disputa por el título. Pero los muniqueses no tienen rival en algo: son el equipo más odiado de la Bundesliga.

El FC Bayern es sinónimo de éxito dentro y fuera de la cancha. Además de ser la escuadra más ganadora, es el club más rico de Alemania. A nivel europeo es el único equipo que compite seriamente con la crema y nata de la Liga de Campeones, mientras que su capital se calcula solo por debajo del de arcas como las del Real Madrid, el Barcelona y el Manchester United.  

Goles son amores

26 títulos de liga, 18 copas de Alemania y 5 trofeos en la máxima división continental. Sus números superan a los de cualquier otro equipo alemán. Si uno se quiere sentir ganador, un buen placebo es comprarse la camiseta roja, porque si le apuestas al Bayern lo más probable es que pruebes el sabor de la victoria.

¿A quién no le gusta ganar? En la escuela quizá uno no sea el chico más popular, en el trabajo tal vez uno tenga que soportar las humillaciones de un jefe gruñón. Pero en el estadio o frente al televisor, si eres del clan bávaro… eres un triunfador. Y no solo eso, el lunes por la mañana, endosar los colores del campeón récord es como una licencia para vengarse de las burlas que con otros argumentos tal vez no puedan contrarrestarse. Pero, ¿qué pasa si el jefe malvado también es un correligionario? Entonces, ser del Bayern hace que, al menos mientras se hable de fútbol, todos seamos iguales.

Rojo como un camaleón

Generar un sentido de pertenencia, construir una identidad con base al apego a un equipo de fútbol es una de las claves mercadológicas para forjar una marca deportiva sustentable. Si un club no es capaz de despertar apego por los valores que detenta, tampoco podrá generar los recursos para financiar su negocio, porque nadie acudirá a su estadio, ni sintonizará la transmisión de sus partidos, ni comprará su camiseta, para decirle al mundo que cree en lo que cree el conjunto que eligió como propio. 

Porque ser hincha no es necesariamente una cuestión deportiva, no se trata solo de ganar, sino de las razones que se tienen para competir, de cómo se busca alcanzar la victoria y a veces incluso, puede tratarse hasta de perder. 

El San Pauli es un ejemplo. Su emblema es la calavera pirata, su sello es el de una juventud que se declara descontenta, inconforme con el establishment, a la que económica y socialmente le ha tocado perder, pero que prefiere aceptar su derrota antes de traicionar su esencia, en una palabra: punk.

El Hertha de Berlín, en cambio, no se anda con tanto existencialismo y le basta con representar a la capital alemana. Dortmund, en cambio, respeta su pasado de ciudad y equipo de la Cuenca del Ruhr y asume un espíritu luterano: ahorrador, sacrificado, sobrio, por lo que le cuesta abrir la cartera para comprar grandes estrellas y si de casualidad algún jugador alcanza clase mundial… lo vende, porque ganar no es tan importante como mantener el recato. 

El fin justifica los medios

En el Bayern, no. En Múnich importa solo una cosa: ganar. Su cantera funciona, pero nunca dudan en fichar lo mejor que les ofrezca el mercado, incluso, si se trata de los pilares de sus más acérrimos rivales; estrategia que en más de una ocasión han utilizado, beneficiándose de refuerzos con cualidades probadas para funcionar en el campeonato nacional, pero al mismo tiempo, debilitando a sus oponentes de manera frontal. 

Los bávaros son los sibaritas de Alemania. No se jactan del derroche –si no, dejarían de ser alemanes–, pero la influencia italiana y católica les ha enseñado a gozar de los placeres de la vida  y si la vida te ha regalado la fortuna de tener dinero, ¿por qué escatimar? Más aun si de paso se puede tener el deleite de que te odien por tener buen gusto.

Ódiame más    

Muchos demeritan los logros de este club, argumentando que su éxito deportivo se basa solo en su poderío económico. En Alemania, si no eres del Bayern, eres anti-Bayern. Pero tanto Matthias Sammer como Rummenigge reviran sin miedo a ganarse más antipatías, diciendo que no es su culpa saber manejar el dinero y, sobre todo, saber como hacer más dinero.

Dortmund BVB Fans Jubel Flash-Galerie (AP)

Lo cierto es que al Bayern se le pueden echar en cara muchas cosas, como cierta preferencia de parte de los árbitros, su arrogancia a la hora de ganar o el “escándalo Uli Hoeness”, pero no se puede más que estar de acuerdo con sus directivos. A los muniqueses nadie les ha regalado nada, han sabido montar el modelo de negocios más exitoso del fútbol alemán y lo han hecho sin el apoyo de inyecciones monetarias de parte de magnates árabes o rusos. Lo que el Bayern ha construido es del Bayern. 

Existen productos similares en otros mercados. En México, irle al América es visto por los “antiamericanistas” como hacer trampa, porque nunca sufrirán lo que significa no tener fondos para traer refuerzos. Pero al “americanismo” le importan tan poco estas acusaciones, que acuñó el eslogan: “Ódiame más”. En Argentina, mientras tanto, también el River Plate se vende con un apodo que pretende hacer referencia a la opulencia.  

Ser millonarios se ha convertido, incluso, en parte de sus puntos de venta, porque por más dificultades que uno tenga para pagar la luz o el alquiler, si te alcanza para comprar aunque sea uno de sus llaveros, puedes sentirte rico, al menos… mientras lo lleves “puesto”.

Autor: Israel Dehesa