“Éramos reyes”: cotidianidad policial en el cine | Cine | DW | 28.11.2014
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Cine

“Éramos reyes”: cotidianidad policial en el cine

En el filme de suspense “Wir waren Könige (Éramos reyes)” se apuesta a la autenticidad. “La labor de los policías va más allá de conducir una patrulla con la luz azul encendida”, dice su director, Philipp Leinemann.

La película Wir waren Könige (Éramos reyes) cuenta la historia de un comando de operaciones especiales y captura el momento en que los vínculos amistosos de sus miembros se resquebrajan bajo el peso de presiones externas e internas. Las fechorías de dos bandas de delincuentes juveniles mantiene a los policías en constante tensión; pero a eso se suman rencillas personales propiciadas por un ambiente estrictamente jerarquizado y propenso al tráfico de influencias. DW habló con su director, Philipp Leinemann, poco antes del estreno.

Deutsche Welle: ¿Cómo describiría usted su película?

Philipp Leinemann: En primer lugar, como un filme de suspense policial con elementos de drama.

En Éramos reyes sobresale la disección que usted hace de los grupos integrados exclusivamente por hombres y de la amistad…

Philipp Leinemann, director de la película de suspense policial “Wir waren Könige (Éramos reyes)”.

Philipp Leinemann, director de la película de suspense policial “Wir waren Könige (Éramos reyes)”.

El tema de la amistad en el seno de estos dos grupos –el de los policías y el de los delicuentes– es lo que me interesó desde el principio. La amistad y el desmoronamiento de las amistades. El guión de la película ya lo tenía en mi cabeza en 2004, cuando todavía estaba en la escuela de cine. Y, claro, con tanta testosterona y tanta fuerza visible en la película, ¿cómo evitar describir esta cinta como una película sobre hombres?

¿Qué tanta importancia le dio usted al realismo en su película?

Nosotros queríamos que todo fuera lo más auténtico posible en lo que se refiere a la labor de los policías y al comportamiento de los gánsters. Por fortuna, en mi círculo de amigos cuento con varios agentes y miembros de comandos de operaciones especiales. Lo más difícil fue encontrar actores que pudieran encarnar los roles en cuestión. Y es que la labor de estos policías va más allá de conducir una patrulla con la luz azul encendida.

La investigación fue muy exhaustiva. Los comandos de operaciones especiales trabajan de una manera muy aislada. Yo pude ver sus bases de operaciones y hablar con los oficiales; yo soy amigo de unos cuantos. Muchas de las cosas que me contaron, sobre sus frustraciones y molestias, fueron dichas en conversaciones informales, con una botella de cerveza en la mano. La violencia no sólo viene de afuera, sino también de adentro.

Algunos me hablaron sobre cómo los superiores no les cubren las espaldas, sobre las deficiencias en la dotación de equipos y armamento, sobre la corrupción, etcétera. Todo eso tiene lugar puertas adentro, pero en los medios no se habla al respecto. Lo que se ve en la película es muy realista. Espero que el filme no agite demasiado a los moralistas. Yo lo que quiero es que se entienda de dónde sale la frustración de estos hombres.

El género policial es muy popular en Alemania. La serie Tatort es una de las más longevas en la televisión local. ¿De qué depende que una película policial sea buena?

Yo creo que la cotidianidad de los policías y su representación realista deberían ser el foco de atención de los realizadores. Esa realidad no se ve en Tatort. Si uno tiene ambiciones de hacer algo bueno –como yo las tuve al hacer mi película–, uno debe hacer películas sobre los policías y sus rutinas, con todos sus lados sombríos, de la manera más auténtica posible. Nuestro concepto estuvo muy claro desde el principio, incluso estéticamente.

La idea era capturar con el sepia y otras tonalidades frías la melancolía de estos hombres; contar cómo mueren sus expectativas más románticas. Hasta la ciudad que nos sirve de escenografía termina desmoronándose al final. Por eso rodamos en Halle, Sajonia-Anhalt, a orillas del río Saale, una ciudad de la que se han ido ya 70.000 personas porque la saben moribunda.